"Crónicas de un pueblo palentino"

"Crónicas de un pueblo palentino" es una sección de la web www.villapún.es en la que se publican relatos verídicos o de ficción que tengan relación con el pueblo de Villapún o la cultura rural en general. Si quieres participar escribe tus historias y vivencias, tu relación con el pueblo, acontecimientos del pasado, cuentos del abuelo, aventuras de la infancia..., en fin, lo que quieras y envíalo a: villapun@gmail.com


viernes, 20 de diciembre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXXIII)

El nombre de GÉVANAS se aplica a la mostaza silvestre (Sinapis arvensis), planta crucífera de flores amarillas que nace entre los cereales, en los barbechos y en las cunetas. Se recogían para dar de comer al ganado, pero no en grandes cantidades, pues podían producir dolores intestinales.

miércoles, 18 de diciembre de 2024

lunes, 16 de diciembre de 2024

Arroyos de Villapún (XVII)

El arroyo de LUTERILLA, citado en la recopilación de topónimos palentinos de Gordaliza y Canal, es uno de los tributarios del arroyo de Camporredondo, en este caso el que parte de la ladera occidental del monte de Lutero.

viernes, 13 de diciembre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXXII)

Se conocen como GATUÑAS a la planta papilionacea Ononis spinosa. Se ha utilizado como combustible para prender la lumbre y también para proteger las tapias de los corrales al ser una planta espinosa.

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Arroyos de Villapún (XVI)

El arroyo DEL LUTERA, citado en la recopilación de Gordaliza y Canal, se trata de uno de los tributarios del arroyo de Camporredondo, que parte de la ladera oriental del monte de Lutero.

lunes, 9 de diciembre de 2024

Arroyos de Villapún (XV)

El arroyo de LAGÚN DEL BRAVO se encuentra en el pago homónimo, haciendo referencia este nombre a la naturaleza encharcadiza de la zona, al ser terrenos de baja altitud aledaños a la vega del río Carrión.

viernes, 6 de diciembre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXXI)

Se conocen como GAMONES las hojas basales verdes del asfodelo (Asphodelus albus), las cuales se han utilizado para adornar las calles del pueblo, junto con los “burritos”, marcando el recorrido de la procesión del Corpus Christi. En las fechas previas a la fiesta mucha gente del pueblo, niños y mayores, salían con los burros al monte para cargar las alforjas de grandes cantidades de “gamones”. También se recogían las hojas tiernas para dar de comer a los cerdos, resultando entonces una carne excelente, de hermoso color y sabor grato, tal y como relata el Dr. Macho. En cuanto a los tallos florales, las GAMONITAS o VARAS DE SAN JOSÉ, se han utilizado para adornar y, cuando estaban secas, para fabricar flechas para arcos los niños.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Arroyos de Villapún (XIV)

El arroyo de LA HUERGA figura en el mapa también como arroyo de Fuente la Burra. El primer nombre derivaría de “huelga”, una de cuyas acepciones que el DRAE da es “terreno de cultivo especialmente fértil”, matizando el Diccionario del Castellano Tradicional que se trata de una “huerta a la orilla de un río”.

lunes, 2 de diciembre de 2024

Arroyos de Villapún (XIII)

El arroyo del GARGOLITO aparece citado en la recopilación de topónimos palentinos de Gordaliza y Canal. Una gárgola es la parte final, por lo común vistosamente adornada, del caño o canal por donde se vierte el agua en este caso de una fuente.


viernes, 29 de noviembre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXX)

Se conocen como FLORES DE PERRO a las peonías (Paeonia broteri), que el Dr. Macho cita como “rosa de lobo” y de la que dice que por la zona se cocía la raíz para combatir la erisipela. Se trata de una planta típica del melojar que se usa como ornamental, pero el fuerte olor que desprende, aunque no desagradable, hace que no sea muy apreciada a pesar de la evidente belleza de la flor. En cuanto a la denominación de esta planta, añadir que su relación con los perros es bastante antigua, pues ya en el siglo III el escritor romano Claudio Elíano se refería a una planta llamada “extracto de perro” o peonía. Dice que sólo se encuentra de noche, ya que brilla como una estrella, y que resulta útil contra la epilepsia y las enfermedades oculares, pero resulta mortal para quien la arranque, por lo cual se colocaba a su alrededor un trozo de carne para que lo comiese un perro hambriento, que en su voracidad arrancaría la planta, lo que causaría su muerte, pero permitiría recoger la planta sin peligro para el hombre.

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Arroyos de Villapún (XII)

El arroyo de LA FUENTE DE ELEGIDRO se encuentra en el pago homónimo, cuyo nombre deriva de “El Ejido” que significa terreno comunal contiguo a un pueblo, que se destina a eras y en el que pueden pastar también los ganados de todos los vecinos; procede del latín “exitus” (salida) al ser además el lugar por el que salían los ganados del pueblo al amanecer. Este arroyo es uno de los tributarios del arroyo de Retortillo.

lunes, 25 de noviembre de 2024

Arroyos de Villapún (XI)

El arroyo de LA FUENTE es de ubicación desconocida, citado en la recopilación de topónimos palentinos de Gordaliza y Canal, pero al utilizar el genérico debe de indicar una de las fuentes principales del pueblo, por lo que podría tratarse del arroyo cercano al Caño en Villapún.

viernes, 22 de noviembre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXIX)

La FLOR DE LA MIEL (Cruciata laevipepspertenece a la familia de las Rubiaceas, es una planta ornamental muy olorosa, de flores pequeñas y amarillas.

miércoles, 20 de noviembre de 2024

Arroyos de Villapún (X)

El arroyo de LA CUNETA es de ubicación desconocida, citado en la recopilación de topónimos palentinos de Gordaliza y Canal. El nombre indica que debe discurrir al lado de algún camino o límite de tierras cultivadas.

lunes, 18 de noviembre de 2024

Arroyos de Villapún (IX)

El arroyo de LA CUEZA DE LA ONTANA se corresponde con uno de los tres ramales de La Cueza, concretamente el que discurre cerca del pago de La Ontona en el Quiñón y que el mapa recoge como arroyo del Valle.

viernes, 15 de noviembre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXVIII)

La FLOR DEL CUCO (Lychnis flos-cuculi) es una planta ornamental de pétalos rosados divididos, frecuente en los prados en primavera y que según el Dr. Macho se utilizó en otro tiempo para curar las mordeduras de animales ponzoñosos.

miércoles, 13 de noviembre de 2024

Arroyos de Villapún (VIII)

El arroyo de LA CUEZA se ubica en el pago homónimo, cuyo nombre derivaría del significado de “cueza” o “cuezo” como artesa pequeña de madera usada por los albañiles, por similitud con el valle “en artesa” por el que discurre dicho arroyo.

lunes, 11 de noviembre de 2024

Arroyos de Villapún (VII)

El arroyo del CAÑAL está en la zona del Valle donde se sitúa un tojo con el mismo nombre, siendo un cañal una especie de murete hecho por acumulación de cantos en el borde de una tierra para filtrar el exceso de agua y evitar el encharcamiento en época de lluvias.

viernes, 8 de noviembre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXVII)

La umbelífera Thapsia villosa, planta muy común en las laderas y eriales recibe diferentes nombres, como el de FAROLES, que algunos diccionarios de nombres de plantas atribuyen a Taraxacum officinale o a Scabiosa stellata. En algunas localidades de La Vega a esta planta se la llama TAGARNIO, cuyas raíces se han utilizado para envenenar el agua y pescar ilegalmente. Finalmente esta planta también se conoce en Villapún como CAÑIJUELAS, que también ha dado nombre a un pago del pueblo.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Arroyos de Villapún (VI)

El arroyo de LOS CAMPOS está cerca de Oncastellana, en el pago homónimo de Los Campos, siendo uno de los tributarios del arroyo de Retortillo.

lunes, 4 de noviembre de 2024

Arroyos de Villapún (V)

El arroyo de LAS PRESAS o de CAMPORREDONDO se ubica en el pago homónimo, siendo uno de los tributarios del arroyo de la Fuente de la Burra.

viernes, 1 de noviembre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXVI)

El CODEJO es la papilionácea Adenocarpus complicatus, con la que se hacían escobas para limpiar las eras, el patio de la casa y la portada de la calle. También se ha utilizado como combustible para los hornos de adobe.

miércoles, 30 de octubre de 2024

Arroyos de Villapún (IV)

El arroyo del CAMINO DE VILLOTA es uno de los ramales del arroyo de Camporredondo, que discurre pegado al antiguo camino de Villota.

lunes, 28 de octubre de 2024

Arroyos de Villapún (III)

El arroyo de LA FUENTE LA BURRA está en el pago homónimo, en el extremo noreste de los terrenos de Villapún, casi en la raya de Barrios. El término podría aludir al animal o bien en sentido metafórico a las masas de arena que forma una corriente de agua en una zona de remanso. En el mapa también figura como arroyo de la Huerga.

viernes, 25 de octubre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXV)

Con el nombre de CHUPAS se designa a Rhinantus minor, planta de flores amarillas en forma de cresta de gallo, que crece en los prados. Se buscaban estas flores para chuparlas, pues el néctar tiene un alto contenido en glúcidos, lo que da un sabor muy dulce. En la guía de plantas de Palencia aparece esta misma especie como “chumpa”. El programa “Anthos” atribuye “chupa” a Lamium purpureum y “chupas” a Taraxacum officinale. En el trabajo del Dr. Macho se cita Pedicularis tuberosa como “chupones”, añadiendo que los chicos chupan con fruición el abundante néctar de la flor, mientras que R.minor serían las “sonajas” o “rugideras”.

miércoles, 23 de octubre de 2024

Arroyos de Villapún (II)

El arroyo de LOS BRETOS se encuentra en el pago homónimo, cuyo significado, según Gordaliza y Canal, procedería de “prieto”, con el sentido de denso o apretado y que habría derivado a “color oscuro, casi negro”. No obstante pensamos que podría tratarse también de la transformación de la palabra “brezos”, por ser estas plantas comunes en la zona.

lunes, 21 de octubre de 2024

Arroyos de Villapún (I)

El arroyo de LAS BLINCONAS, citado en la recopilación de topónimos palentinos de Gordaliza y Canal, se sitúa en el pago de la Brinconas, tratándose de uno de los ramales laterales del arroyo de Retortillo.

viernes, 18 de octubre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXIV)

La corteza reseca de los CHOPOS (Populus sp.), cuando se almacenaban durante mucho tiempo sus troncos cortados, se desprendía en finas tiras, conocidas como “MÓNIX”, que convenientemente manipulado y envuelto con un papel, se fumaba como un sucedáneo del tabaco, sobre todo los “chiguitos” en épocas pasadas.

lunes, 14 de octubre de 2024

Las presas de Villapún (y V)

Las PRESAS DE LO BAJO se ubican en el pago de La Varga y se han restaurado recientemente, junto con la Fuente del Lugar,  por lo que se encuentran en muy buen estado.

viernes, 11 de octubre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXIII)

En Villapún se designa con el nombre de CHOPA a los sauces (principalmente Salix alba, S.atrocinera y S. fragilis) cuando son desmochados, por lo que adquieren porte arbóreo con una copa prominente sobre un tronco grueso y a menudo hueco. Se podan en invierno cada tres o cuatro años y las ramas crecen muy rápidamente de nuevo. De ellos se aprovecha el mimbre en cestería, se obtiene leña para quemar y los “chiguitos” usaban las ramas de las chopas para hacer arcos, se obtenían buenas “horcajas” para los “tirapiedras” y se elaboraban los “chiflitos”. Estos últimos son una especie de silbatos elaborados con una rama verde de mediano diámetro, existiendo una cantinela para tal menester:
“Suda, suda, la cabra cornuda,
si no quieres sudar
te echaremos al corral, 
con un saco de costal, 
tal, tal, tal, tal..."
Se entona al tiempo que se golpea con el mango de una navaja la corteza tierna. Si no sudaba se repetía el canto. En la corteza de la chopa se hacen unas marcas para luego retirarla y acceder a la madera, donde hay que cortar unas muescas para permitir el paso del aire al “chiflar”. 

miércoles, 9 de octubre de 2024

Las presas de Villapún (IV)

Las PRESAS DEL VALLE se encuentra al lado de la Terrerona. El nombre que indicamos es supuesto, ya que no hemos encontrado ningún nombre específico para estas presas, pero seguramente lo tenía para diferenciarlas de las de Las Esterreras, que también están en El Valle. Se conservan aún en un estado aceptable.

lunes, 7 de octubre de 2024

Las presas de Villapún (III)

Las PRESAS DE LA ONTANA estuvieron en el pago homónimo, cerca de La Majada, al lado de donde también estuvo situada la fragua del pueblo. Hubo una fuente y dos presas, una de jabón y otra de aclarar, haciéndose después una tercera, también de jabón. Al igual que la fragua, desaparecieron a principios de los años ochenta del siglo XX.

viernes, 4 de octubre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXII)

Los CHAMPIÑONES (Agaricus campestris) no pertenecen al reino vegetal, son setas comestibles muy apreciadas por esta zona.

miércoles, 2 de octubre de 2024

Las presas de Villapún (II)

Las PRESAS DE LAS ESTERRERAS estuvieron en el pago homónimo, cerca de la laguna, y de donde se extraía la arcilla para hacer adobes. Ya no existen estas presas, conservándose únicamente la fuente que las acompañaba.

lunes, 30 de septiembre de 2024

Las presas de Villapún (I)

Iniciamos aquí una corta serie dedicada a las presas en las que se lavaba la ropa en Villapún y otros pueblos cuando aún no había agua corriente en las casas, hasta principios de los años ochenta del siglo pasado. 
Se trata de excavaciones de superficie rectangular, de unos tres metros de largo y algo más de un metro de ancho, delimitadas por cuatro maderos, y de una profundidad aproximada de metro y medio. Se construían en zonas donde abunda el agua, por lo que solían estar acompañadas de una fuente y en ocasiones de una laguna. En estos lugares se ubicaban dos presas, una para lavar (con agua jabonosa) y otra para aclarar la ropa, de agua más limpia.
Comenzamos con las PRESAS DE ELEGIDRO, ubicadas en el pago homónimo, de las que de pequeños nos decían a los niños que en ellas se lavaba la ropa de los muertos, por lo que procurabamos no acercarnos mucho por allí. En este caso, se  conservan en muy malas condiciones, aunque sí se ha recuperado la fuente aledaña.

viernes, 27 de septiembre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXI)

Bajo la denominación de CÉSPED se incluyen plantas herbáceas de diferentes familias (gramíneas, leguminosas y plantagináceas principalmente) que se utilizaban tradicionalmente en forma de mazacote arrancado con la raíz y tierra para tapiar y para hacer cama a las tejas o bien para tapar hondonadas en el terreno (por ejemplo en las eras o en jardines).

lunes, 23 de septiembre de 2024

Fuentes de Villapún (y XXIII)

La FUENTE DEL SAPO está pegada a la carretera de Villota en la bajada hacia Santa Olaja y justo al lado de donde se ubicó el caserío principal del pueblo de Villarrilda. El nombre haría referencia a la presencia de algún batracio en sus aguas.

viernes, 20 de septiembre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XX)

Se conoce como CEBO a la uña de gato (Sedum album), planta suculenta que nace en los tejados y muros de tierra, y con el que han jugado mucho los chavales. 

miércoles, 18 de septiembre de 2024

Entrevista en La 8 Palencia con el autor de "El canto del pepús. Nuevas andanzas de un naturalista de pueblo"

 https://youtu.be/71KoEyClFBM?feature=shared

Fuentes de Villapún (XXII)

La FUENTE DE CAÑIJUELAS o DE LA SALUD se encuentra al lado de la pista hacia Santervás, justo enfrente del camino de entrada a la Roza por Cañijuelas. De ahí el nombre que se le da en Villapún a esta fuente y que hace referencia a unas plantas muy abundantes por esta zona, los faroles o cañijuelas (Thapsia villosa). Los vecinos de Santervás la llaman la “Fuente de la Salud”, al atribuir a sus aguas propiedades beneficiosas, motivo por el cual aún hoy en día no es raro ver alguna persona cargar con botellas de agua para uso propio.

lunes, 16 de septiembre de 2024

Fuentes de Villapún (XXI)

La FUENTE DE LAS PRESAS DEL VALLE se encuentra al lado de La Terrerona y es la segunda fuente que se encuentra en la zona del Valle, siendo la otra la de Las Esterreras. El nombre que indicamos es supuesto, ya que no hemos encontrado ningún nombre específico para esta fuente, pero seguramente lo tenía para diferenciarla de la anterior.

viernes, 13 de septiembre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XIX)

Con el nombre de CARDO se conocen diversas especies, entre ellas la Centaurea calcitrapa, planta de flor rosada y pinchante, considerada como mala hierba, aunque también se ha utilizado como ornamental. También el cardo corredor (Eryngium campestre) que es un buen combustible; entre sus tallos suelen crecer las setas de cardo (Pleurotus eryngii), muy apreciadas como comestibles.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

Fuentes de Villapún (XX)

LA FUENTE DE PANTALEÓN o DE RIOYO se encuentra en el extremo septentrional de los terrenos de Villapún al lado de la raya de Villota. Pantaleón es nombre propio de persona. En el pasado existió muy cerca la que llamaban “caseta de Pantaleón”, debiendo de haber sido algún vecino propietario de la misma o vecino de alguno de los pueblos cercanos. Por su parte, el topónimo Rioyo y otros similares, como “rehoyo”, “regoyo” o “rihoyo”, derivarían del latín refogio o refogium con el significado de refugio u hondonada. Señalaría pues una fuente ubicada en una depresión del terreno.

lunes, 9 de septiembre de 2024

Fuentes de Villapún (XIX)

La FUENTE DE ONZARZA se úbica en el pago homónimo, cuyo significado sería la “fuente de la zarza”, por el tipo de arbustos propios del pastizal cercano.

viernes, 6 de septiembre de 2024

Nombres y usos tradicionales de las plantas en Villapún (XXVIII)

CARDINCHO es un nombre que no aparece en los diccionarios habituales, pero sí en los de vernáculos de plantas. Se trata del fruto pegadizo, por las numerosas brácteas ganchudas que favorecen la dispersión zoócora, de la planta Arctium lappa. Con los “cardinchos” los “chiguitos” hacíamos auténticas batallas para pegar en la ropa (y en el pelo si era menester). También se solían hacer cestillas o pequeñas figuritas uniendo unos con otros. Antaño, cuando el cemento escaseaba, se usaron los "cardinchos" para tapar los agujeros de los ratones en las paneras.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Fuentes de Villapún (XVIII)

LA FUENTE DE ONTABLADA no está citada en la recopilación de topónimos de Gordaliza y Canal, apareciendo en el mapa general como “La Ontablada”. Una vez más el prefijo “on-“ deriva de fon-, revelando la existencia de una fuente en dicho lugar. Según el DRAE “tablada” hace referencia a cada uno de los espacios en que se divide una huerta para su riego.

lunes, 2 de septiembre de 2024

Fuentes de Villapún (XVII)

FUENTE DE ONCASTELLANA, cuyo significado es "fuente castellana", derivando “on“ de fon, lo cual alude a la presencia de una laguna y un manantial del que se ha abastecido de agua el pueblo hasta finales del siglo XX.

viernes, 30 de agosto de 2024

Reseña de "Mis amigos y otros animales" y "El canto del pepús"

Amador Fernández Heras, ilustre paisano de Santervás, me regala (y quiere compartir con todos nosotros) una sentida y muy meditada reseña de lo que la lectura de los libros “Mis amigos y otros animales” y “El canto del pepús” han significado para él. No puedo más que estar profundamente emocionado y agradecido por sus palabras. Mensajes como éste son los que realmente justifican y compensan el trabajo de un escritor, mucho más allá de las ventas o los réditos económicos, que nunca me han interesado, si acaso únicamente como imperfectos indicadores de la difusión del mensaje que uno quiere transmitir a vecinos y lectores a quienes van dirigidas estas dos obras.


DE AULLIDOS, GORJEOS Y CANTOS DE PEPÚS 

Es verdad que todo libro ejerce cierta influencia en la mente y el comportamiento del lector, pero no tanto como para que te atrape entre sus páginas y no te deje salir si no es pagando algún tipo de tributo. Es algo infrecuente, muy raro, pero alguna vez sucede. Así me ocurre cuando entro en este libro, una y otra vez. Siempre salgo con una carga de información y sensaciones que piden ser transmitidas, y el impulso de entrar de nuevo en busca de no sé qué respuestas, para descubrir, escudriñando con mirada renovada, datos, experiencias y emociones antes apenas percibidas. 

Este libro en el que he andado perdido no es otro que “Mis amigos y otros animales”, el cual siempre me resultó escaso a pesar de su extensión. Ahora que se ha publicado lo que se puede considerar su continuación, “El canto del pepús”, que no su conclusión, pues está urdido con una trama de materiales diversos e inagotables, me veo en la necesidad de mostrar mis impresiones. 

Lo que me propongo escribir está cargado de subjetividad. No va a ser la opinión imparcial que a todo autor le gustaría que se hiciera de su obra. Es así porque lo hago desde la emoción que me provoca sentir, mientras leo, los olores del bosque, los sonidos del páramo, los sabores silvestres que brotan de la tierra, visualizar paisajes de la infancia, reencontrarme con  palabras del pasado y con historias que acarician la memoria. No, no va a ser una reseña al uso. Ni siquiera una reseña. O sí. Pero sin más orden ni acierto del que resulta del volcado instantáneo de algunas de las impresiones que ha ido extrayendo un lector nada neutral.

Enfrascado en el placer de la lectura, sin darte cuenta estás en el final del último capítulo. ¿Y… ahora qué? Volver a releer las partes más sugestivas, las notas a pié de página. Esas precisas descripciones que te has saltado para no interrumpir la emoción de los relatos, que podrían conformar por sí solas diversos tratados sobre animales y plantas, sobre los paisanos, su modo de vida y su historia, los lugares del paisaje, el lenguaje local… Pero para una información exhaustiva y detallada está la página web del autor, www.villapún.es, donde se pueden encontrar todos los materiales que han sido recogidos en un arduo  y dilatado trabajo  de investigación.

Libros sobre la infancia en los lugares de origen hay muchos.

Pero es raro encontrar una descripción, más allá del puro relato, que fusione fragmentos de diferentes materias en un mismo texto; que reconstruya un territorio, con todo lo que hoy contiene y en el pasado albergó, a partir de un sustrato compuesto de vivencias y sentimientos de un tiempo de infancia y adolescencia, unido a la experiencia y el conocimiento científico del naturalista adulto. Con “Mis amigos y otros animales” ocurre lo contrario de aquello de que “todos los escritores se pasan la vida contando la misma historia de formas diferentes”. En este libro toda esa diversidad de materias se inserta entre acontecimientos y aventuras de la cuadrilla de amigos, y  en espacios que, en cada narración, coinciden con el hábitat de la especie animal o vegetal objeto de estudio. La variedad temática, junto a un estilo natural, sin pretensiones de alta literatura, contribuyen a que todo lector tenga interés al menos en alguna parte de cada capítulo, y estimulan la curiosidad de quienes no han conocido nada de ese mundo que se describe, e incluso reavivan la memoria de aquellos que lo olvidaron. Resulta fascinante transitar, en apenas cinco líneas, de la descripción del espacio donde evacuaban sus vejigas los escolares al estudio de la dieta de las lechuzas: “… en cuyo fondo oscuro era donde acudíamos para comulgar con la naturaleza, por lo que allí se acumulaban los restos orgánicos, muchos de ellos fosilizados, depositados por sucesivas generaciones de niños. Mucho tiempo después, cuando llegó la modernidad de los inodoros a las casas y la escuela ya había cerrado, en ese mismo lugar buscaba las egagrópilas de las lechuzas que criaban en los recovecos de la torre y analizando su contenido trataba de estudiar su dieta” (p. 342).

Ya desde las primeras páginas, donde el autor deja claro que Durrell y Delibes son sus referentes y a los que “ni por asomo” desea emular ni compararse con ellos (p. 17-18), y más allá de ese vínculo y el homenaje que les rinde, Roberto Rodríguez Martínez muestra sus particulares cualidades. Por un lado nos sorprende con su estilo, demostrando que no es tan difícil contar si se hace de forma desinhibida y sincera, sin máscaras y con palabras sencillas como las que se usaban en el acontecer de lo narrado; que es fácil si se tiene el deseo y la necesidad de compartir saberes. Algo, esto último, que siempre estuvo muy arraigado en el mundo rural y su economía colaborativa de subsistencia. Nada parecido a la actual ilusoria idea de la autosuficiencia individualista.


Otra peculiaridad que reseñar es la perspectiva desde la que se ejecuta la narración. Un enfoque raro de encontrar en el conjunto de textos que tratan del mundo rural. El autor construye una obra no exenta de cierta osadía y originalidad. No necesita indagar ni buscar referencias de lo que otros han escrito sobre esas cuestiones. Simplemente regresa al origen en busca de materiales; al terruño real del que nunca se desligó, no a uno imaginado. Y esa estrecha relación con las raíces y el posterior conocimiento de investigador le proporcionan la posibilidad de penetrar la superficie, en la que otros se quedan, y aproximarse a la realidad. Cuenta historias vividas en primera persona con el mismo sentimiento que hubo de tener cuando ocurrieron los hechos relatados. Con la candidez de una infancia intensamente motivada y curiosa que permanece fresca en la memoria. Con la franqueza y desparpajo propios de una cuadrilla de adolescentes que comparten las experiencias y emociones que van sintiendo en los sucesivos encuentros con los seres que pueblan el territorio. Un territorio, a menudo considerado anodino y vacío, si no extinguido (“aquí no hay nada”), que van descubriendo, henchidos de una Naturaleza que muestra la realidad de la vida: así el esplendor y la belleza como la cruel lucha por la supervivencia; una Naturaleza que, en su quehacer lento, siempre se está repoblando, indiferente al precipitado obrar de los humanos, quienes sí acaban creando desiertos, tanto reales como mentales, en el baldío de la modernidad y el falso progreso.

Si Félix Rodríguez de la Fuente, con sus documentales, fue determinante en la elección de estudiar Ciencias Biológicas, no es menos cierto que la sensibilidad del autor ha sido conformada principalmente por el paisaje natal y los seres que lo habitan. Son ellos quienes, en una especie de gorjeo, conforman el coro que narra y llena las páginas del libro, en el que nada ni nadie es protagonista de manera individual. Es la interacción de cada actor con los otros, y especialmente con la Naturaleza, quien conforma el núcleo del proceso narrativo. 

El sentimiento de pertenecer a una común y frágil trama de la vida es algo con lo que todos llegamos a la existencia, pero que unos refuerzan, descubriéndose ecodependientes, y otros olvidan, enfrentándose incluso a ese mundo natural al que pertenecen. Cuándo y porqué esto ocurre, son preguntas que Roberto se hace y, en algunos casos, trata de responder: “… en qué momento de nuestras vidas muchos de mis congéneres pierden esa curiosidad y fascinación que todo niño muestra por los fenómenos naturales y, más en concreto, esa atracción hacia los animales. En qué momento comienza la indiferencia, y en no pocos casos el odio y la crueldad, hacia esos compañeros de viaje que tanto apreciamos en nuestra más tierna infancia” (p. 31). Estar en el bando de la fascinación o en el de la indiferencia, es algo que ciertos hechos deslindan con precisión: “… y dispara un certero tiro que impacta en el lomo del animal, penetrando en su cuerpo justo por encima de la cola. No es un tiro mortal pero el animal siente un dolor y un intenso calor interior que le obligan a anear con mayor intensidad […] las fuerzas le flaquean, su respiración es cada vez más entrecortada, ya que su pulmón derecho fue atravesado por el fatídico proyectil, y siente sed, una tremenda sed […] ahora la prioridad es encontrar algo que beber […] Pero ya es demasiado tarde, las fuerzas no dan más de sí y el animal cae derrotado a escasos metros del ansiado agua, muy cerca de la fuente de Cañijuelas” (p.36).

A mí, que sí he sentido un estremecimiento indescriptible ante la presencia de un lobo (bien puede que fuera un antepasado del abatido, pues venía del mismo paraje), más inexplicable y sorprendente me resulta el hecho de que alguien que no ha presenciado los acontecimientos tenga la capacidad de ponerse en la piel de un ser sintiente y describir de manera tan detallada su agonía. Es algo que va más allá de la pura compasión. Es como si desde  las cuencas vacías de ese cráneo que Roberto conserva, la mirada doliente del lobo transmitiera a quien sabe mirar lo que sintió hasta el último aliento. Un encuentro de miradas en que el humano se reconoce en la mirada del otro. Una mirada que al mismo tiempo redime de la inconsciencia y de ese sentimiento incómodo causado por las propias acciones antinaturales e irracionales: “Entré en el huerto y comencé a inspeccionar los árboles, cuando desde un alto chopo un reiterativo canto llamó mi atención, haciéndome levantar la vista para descubrir al autor del mismo, un precioso macho de escribano cerillo. […] sin mucha convicción, levanté la horcaja, apunté hacia el escribano y solté la piedra que voló directa y, para mi sorpresa, impactó en pleno pecho del pajarillo, que cayó redondo al pié del árbol. Me quedé perplejo, sin saber qué hacer y un poco asustado por lo ocurrido. Primero miré para todos lados, temiendo que alguien me hubiera visto, y después me acerqué al lugar donde había caído el pájaro, observando su cuerpo inane que apenas unos segundos antes cantaba a la vida su felicidad. Lo sujeté en mi mano, el cuerpo aún caliente, deseando que siguiese vivo, pero era demasiado tarde y mi vergüenza y sentimiento de culpa me corroían las entrañas” (p. 89).

Esa mirada acertada sobre el territorio le aporta una cosmovisión clara sobre su transformación y el uso que se hace de la tierra, y le autoriza a realizar una crítica suave, casi amable, acerca del modelo de desarrollo cortoplacista: “… pinares que fueron plantados en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado con discutibles intenciones medioambientales […], ocultando el verdadero interés económico de la producción maderera […] Así, los monótonos pinares sustituyeron a robledales maduros y pastizales mucho más ricos desde el punto de vista ambiental, lo que supuso un empobrecimiento de la biodiversidad y procesos ecológicos básicos” (p.34).  También le dota de una fuerza especial para soportar la inconsciencia y ceguera de algunos paisanos, ajenos a lo que realmente acontece en su territorio y a todas  posibilidades que éste contiene; y no desalentarse ni sucumbir a la tentación de callar las verdades y dejar de compartir los conocimientos acerca de la interacción entre diversos elementos de la Naturaleza (caso de los vencejos y los insectos):  “… algunos de ellos [labradores] ya no están pendientes de las alturas, más atentos ahora a recibir las subvenciones de turno o confiados en la alta rentabilidad productiva que aseguran las pestes químicas que se añaden a nuestros campos. Y es que la calidad de vida no debería medirse sólo por los avances tecnológicos o el producto interior bruto. ¿Realmente es ese el mundo que queremos para nuestros hijos? ¿Un mundo sin pájaros, de alimentos sintéticos y de paisajes muertos y uniformes?” (p. 32).

En esa narración íntima, sencilla pero efectiva, no aparece nada especialmente heroico. Aunque sí hay algo que sobrevuela de manera destacable la mayoría de los relatos. Es el pueblo, Villapún con su territorio. El territorio entendido no sólo como espacio, sino también como algo histórico y cultural. El pueblo en cuanto comunidad de seres humanos corrientes, sí, pero también capaces de “llevar a cabo hazañas heroicas de manera cotidiana y prosaica”. Desde la cuadrilla de amigos a individuos concretos, que con su sabiduría y buen obrar contribuyen a formar carácter y futuros seres naturales y sociales. El abuelo (“Abuelito”) que, con esa heroicidad callada y sostenida día a día, de alguna manera habrá influido para que el nieto acabe escribiendo. Y es que de esa concatenación de causas y efectos de la historia, de la que es imposible escapar y, como si de la restitución de una deuda se tratara, territorio y comunidad demandan que alguien les convoque. El lobo moribundo, el escribano abatido por un niño, los vencejos y los mosquitos, la tierra degradada, la cuadrilla de amigos, el abuelo y los paisanos, son espacios y seres (“gente fuerte e importante” diría Dersú Usalá), elementos fuertes de la Naturaleza que reclaman para sí a personas como Roberto para que cuenten la epopeya de su acontecer. 

Roberto pertenece a la última generación capaz de ligar el pasado del mundo rural con el presente; última con algo de  memoria genuina. Cualidades que utiliza para embarcarnos en un viaje, en estos tiempos de incertidumbres y referencias perdidas, a un pasado donde nos sentíamos más seguros y felices. Y lo hace a través de un libro (libros) poderoso, por útil y estimulante. Un libro para quedarse, sino  a vivir en él, sí al menos a perderse entre sus páginas, recogiendo migajas de la abundante sabiduría que en ellas se va desgranando, y reflexionar sobre la necesidad de modificar nuestro modo actual de entender la relación con la naturaleza. Necesidad de recuperar la cosmovisión que nuestros antepasados tenían del territorio: la ineludible dependencia con el medio natural y las relaciones interpersonales. “Recomponer lazos rotos con la tierra y entre las personas” (Yayo Herrero). En mi caso, conmigo mismo. Reconciliarme con el niño que fui, además de afrontar una necesaria revisión de la manera en que me he relacionado con el mundo natural. Quién iba a pensar que sesenta años después de depredar aquel nido de gavilán leería en las páginas de un libro una historia sobre un ejemplar descendiente de aquella familia de rapaces que durante sucesivas generaciones ha seguido procreando en aquel mismo nido.

En aquella infancia rural, a la intemperie, se desarrolló una forma de vivir plena, auténtica y natural. Se pude decir que salvaje. Y ahora me doy cuenta de que lo que andaba buscando en este libro era a mí mismo, al niño aquel, mi auténtico ser. Buscaba llegar a la convicción de no haberle traicionado con el paso del tiempo.

Pero, aparte de colmar esa satisfacción a quienes seguimos sintiendo una especial fascinación por aquel mundo natural, parece oportuno preguntarse por qué y para quién escribir de esto cuando parece que el acontecer presente va en dirección contraria, sin esperanza de un retorno digno a las raíces. A estas preguntas se puede responder que va dirigido, precisamente, para quienes han sido desarraigados y privados de toda relación y capacidad de reconocimiento con su paisaje, aturdidos entre el ruido y el relumbrón de un presente sin futuro y sin referentes del pasado. Quizá por eso. Porque hace falta redescubrir, recuperar nichos, grietas donde refugiarse de la barbarie que supone la mercantilización de todos los aspecto de la vida; esa barbarie que rompe los vínculos entre las personas y la Naturaleza, entre el pasado y el presente. Porque será necesario reconstruir lugares de esperanza, donde sea posible un mínimo de autonomía. Para eso es necesario que se escriban libros que, aparte de proporcionar el placer de leer, dejen semillas de saberes en las conciencias y referencias hacia unas formas de relación con lo vivo ya olvidadas; conocimientos que den fuerza y luz para encontrar esos espacios de libertad y soberanía. 

Entre los gorjeos de “Mis amigos y otros animales” y “El canto del pepús” los páramos seguirán henchidos de vida. Y seguirá existiendo la posibilidad de que alguien tenga la dicha de estremecerse ante un aullido lejano, o contemplar extasiado la silueta de un lobo recortada contra el crepúsculo malva, mientras escucha en la proximidad el canto de un escribano cerillo que nunca fue abatido. Y aunque solamente sea capaz de imaginarlo…

Amador Fernández Heras

sábado, 3 de agosto de 2024

“El canto del pepús. Nuevas andanzas de un naturalista de pueblo”: EPÍLOGO: VILLA DE PUNE

En este añadido extra de “El canto del pepús” se desvela el enigmático comienzo con el que se abría el texto, permitiéndose el autor una breve incursión en el estilo de novela histórica, sirviendo, además, para aclarar los posibles orígenes del singular nombre del pueblo donde se desarrolla la trama del libro.

viernes, 2 de agosto de 2024

Capítulos de “El canto del pepús” (XVIII): ATARDECER EN EL VALLE

En este último capítulo de “El canto del pepús” evoca el autor el regreso a casa después de una intensa jornada de campo, deteniéndose en el camino para disfrutar del entorno y sus moradores y para reflexionar sobre cuestiones que han intrigado al hombre desde los primeros tiempos.