"Crónicas de un pueblo palentino"

"Crónicas de un pueblo palentino" es una sección de la web www.villapún.es en la que se publican relatos verídicos o de ficción que tengan relación con el pueblo de Villapún o la cultura rural en general. Si quieres participar escribe tus historias y vivencias, tu relación con el pueblo, acontecimientos del pasado, cuentos del abuelo, aventuras de la infancia..., en fin, lo que quieras y envíalo a: villapun@gmail.com


lunes, 26 de julio de 2010

Lenguaje

Hemos recibido el visto bueno de XLSemanal y Juan Manuel de Prada para poder reproducir un artículo de este escritor publicado recientemente en el citado dominical. Se trata de un interesante relato sobre el valor del lenguaje tradicional y de la relación del hombre rural con el medio que le rodea, muy en la línea de la filosofía y los contenidos que ofrecemos desde nuestra web. Desde aquí agradecemos al escritor y a los responsables del semanario por su amabilidad al permitirnos reproducir el siguiente artículo.
 
En un pasaje singularmente bello del Génesis, Yavé trae ante Adán todas las bestias del campo y las aves del cielo para que las nombre según su gusto; y Adán las nombra, una a una, mientras desfilan ante él, como poseído por una inspiración vertiginosa, plenamente divina, con palabras recién estrenadas que brotan de sus labios como la abundancia brota de una cornucopia, palabras ignotas y refulgentes que al propio Adán causarían pasmo y perplejidad, puesto que nunca antes las había escuchado, puesto que nunca antes nadie las había pronunciado, palabras como primicias que bautizaban la belleza matinal del mundo con esa prontitud intuitiva que tienen las palabras para abalanzarse sobre las cosas, como el guepardo se abalanza sobre la gacela. Esta misma impresión de pasmo y perplejidad era la que me asaltaba de niño cuando, de la mano de mi abuelo, salía al campo y lo escuchaba nombrar el mundo circunstante: cuando nos tumbábamos a la sombra de un árbol, mi abuelo lo llamaba por su nombre –encina, roble, olmo, abedul, chopo, arce–; cuando un pájaro revoloteaba en la fronda, mi abuelo lo llamaba por su nombre –grajo, abubilla, ruiseñor, estornino, jilguero, gorrión–; cuando nos inclinábamos sobre el suelo para recolectar las plantas medicinales que empleaba en sus tisanas, mi abuelo las llamaba por su nombre –árnica, malva, milenrrama, poleo, ruibarbo, brezo–; y lo que hasta ese momento era tan sólo una planta, un pájaro o un árbol, al conjuro de las palabras de mi abuelo, adquiría el fulgor inextinguible de los tesoros de las mitologías, la palpitación de la vida recién creada, el temblor cálido y diminuto de los milagros. Mi abuelo no era un hombre letrado; no era, desde luego, ornitólogo ni botánico, no acumulaba erudiciones enciclopédicas, ni siquiera había completado la instrucción primaria, allá en la escuela de su pueblo, de la que sus padres lo habían sacado antes de cumplir los catorce años, para que los ayudase a subvenir las necesidades familiares. Mi abuelo era lo que la banalidad contemporánea designaría como un «hombre inculto» (lo cual podría servirnos para constatar que nuestra época llama «cultura» a una coraza de conocimientos artificiosos, impostados y deleznables, que no nacen de la propia vida); pero era depositario de un meollo de sabidurías ancestrales que había heredado de sus mayores, y entre esas sabidurías que conformaban su genealogía se contaba –como un río subterráneo y dulcísimo que las refrescase– el genio del lenguaje, acertando a nombrar la belleza matinal del mundo, derramándose como una cornucopia sobre el pájaro que sobrevolaba nuestras cabezas, sobre el árbol que nos brindaba su sombra, sobre la planta que nos teñía las manos de un aroma campesino e indeleble.
Constantemente nos referimos, con pesadumbre y congoja, a esa gangrena que llamamos «empobrecimiento del lenguaje»; y es que, en efecto, cada vez hablamos con menos palabras, cada vez tenemos más dificultad para nombrar la belleza matinal del mundo. No reparamos, sin embargo, en que este empobrecimiento del lenguaje discurre paralelo a nuestro divorcio de esa belleza que hemos ido expulsando de nuestras vidas desarraigadas; y a una vida sin raíz no le queda otro remedio sino agostarse, angostarse y perecer. Mi abuelo, como el Adán del Génesis, tenía palabras para designar a las bestias del campo y a las aves del cielo porque las bestias del campo y las aves del cielo eran sustancia de su propia vida, realidad encarnada en su vida; y el lenguaje, que es una herramienta humana, se nutre sin embargo de un fondo ancestral de comunicación directa –comunión– con la naturaleza. Cuando ese fondo se reseca, el lenguaje se amustia, empalidece y jibariza, porque por sus tejidos deja de fluir la savia que lo vivifica, porque ha dejado de ser genesiaco; y así termina por enmudecer. O, en todo caso, en las boqueadas de la agonía, se aferra a las jergas tecnológicas, como la planta de invernadero se aferra al calor embalsado de su cárcel, cuando le falta el calor primigenio del sol; y se convierte en `lenguaje técnico´ que ha dejado de nombrar la belleza matinal del mundo para quedar atrapado en una telaraña de artificios que, cuanto más prodigiosos parecen, más nos enmarañan y asfixian. A la postre, a ese lenguaje enjaulado en la cárcel tecnológica le ocurre como a las fresas cultivadas en uno de esos túneles de plástico que impone la `agricultura intensiva´: que se hincha y engorda pero tiene el sabor insípido de la borra. Ha renegado de su inspiración originaria, ha dejado de bautizar la belleza matinal del mundo, y ya no le resta sino languidecer, huérfano de fulgor, de palpitación, huérfano del cálido y diminuto temblor del milagro.

Juan Manuel de Prada
 
Artículo publicado originalmente en el suplemento XLSemanal del 6 de Junio de 2010.

sábado, 26 de junio de 2010

La mujer en el pasado de nuestra sociedad popular

Demos hoy un paso de tuerca hacia atrás en el tiempo, de forma que nos sitúe a mediados del siglo pasado. La verdad es que, la situación social de los habitantes de aquella época era bien otra, dadas las circunstancias. La mujer ejercía un papel importantísimo, como siempre ha sido. Pero en condiciones bien distintas a las que hoy tienen en nuestra sociedad.
La mujer, ya desde niña, se la consideraba como tal: no iría a estudiar, se prepararía para resolver los problemas familiares, se encargaría de la limpieza de la casa, aprendería al lado de su madre o abuela las recetas culinarias de los platos tradicionales, hará practicas para elaborar el pan en la hornera familiar dos o tres veces al mes, dominará las artes de conservar los alimentos, de quitar las manchas de la ropa y conocerá los remedios caseros de las enfermedades corrientes (catarros, insolaciones, dolor de tripas y de cabeza, torceduras de tobillos, gripe, sarampión, sabañones, etc. etc.), ha de saber las buenas costumbres de urbanidad para inculcárselas a sus hijos, y tendrá los conocimientos necesarios para ayudar en la preparación de las lecciones escolares y del aprendizaje del catecismo.
Y eso, que acarreaba desde tiempos ancestrales su papel de segundo orden comparándola con el del mundo masculino. Si nos fijamos un poco en la historia del pensamiento humano, veremos que los filósofos (Arístoteles incluido) y los padres y moralistas de la Iglesia han dado a la mujer una imagen peyorativa que aún se puede ver en el refranero y se generalizó en los tópicos de la "sabiduría popular": "La mujer honrada, la pierna quebrada y en casa".
No he de recordar que: "refrán es una sentencia y no dicho por cualquiera, más de persona de ciencia, sacada de la experiencia por muy cierta y verdadera. Los refranes al grosero le hacen sabio y artero y aunque parecen consejas, no hay refrán, aunque de viejas, que no sea verdadero".
Platon llegó a decir de las diferencias entre la mujer y el hombre: “no hay diferencias. Sino que aquella es más débil, y éste más fuerte". Por eso las mujeres podrán y deberán participar en los trabajos de la República y "sólo se tendrá en cuenta la debilidad de su sexo, al asignarles cargas más ligeras que a los hombres".
Hasta mediados del siglo XX la mujer campesina soportó las tareas familiares ya mencionadas. Y también la ayuda a su marido en los trabajos agrícolas, en especial en épocas de recolección. Cuando faltaba el marido, por cualquier circunstancia, ella se encargaban de otras tareas propias del campesino y le suplantaba en la siembra, en el cuidado de los ganados, escabando, labrando la tierra con las vacas, etc.
Ha sido para mí un misterio como eran capaces las mujeres de entonces de desarrollar tanta labor. Parecía que nunca se cansaban. Pero, el marido era el que mandaba. Para eso, la ley le consideraba el cabeza de familia, con sus derechos y obligaciones. Y no digamos nada si damos un repaso a la Biblia. Eva se llevó todo la responsabilidad del pecado original. Recordemos de nuevo el refranero: "en casa del vil, la mujer es el alguacil". Y también se decía: "adonde la cosa anda derecha, como ha de ser, la mujer no se desmanda y el marido es el que manda y de ella es obedecer..."
En los tiempos que hoy vivimos, nos es difícil comprender que en 1930 las mujeres de nuestros pueblos también se iban Saldaña, junto a los agosteros, el día de San Pedro a ajustarse de criadas para las faenas del campo en casa de los ricos. ¡Y bien que que se apreciaba su trabajo de agosteras!. ¡Y buena soldada les daban por ello al finalizar el contrato allá por San Miguel!.
Las mujeres que quedaban en casa madrugaban para acompañar al marido a acarrear la mies hasta la era y con gran esfuerzo subir la mies a lo alto del carro donde el hombre lo colocaría para transportarlo antes que el calor se hiciera sentir. Y así, día tras día, preparar trilla y comida para todos.
No quiero recordar como preparaba en su hornera el pan de cada día que ya se había acabado en la casa. ¡Qué conocimientos!, ¡qué cariño!, ¡qué dedicación! y !qué calores para calentar el horno y cocer luego los panes y las tortas!.
Ni tampoco quiero recordar como transportaba en los "valdes" la ropa sucia para lavarla y tenderla al sol sin mirar que tiempo hacía. Hubo veces de tener que partir los hielos del agua de las "presas" para poder jabonar y lavar.
Y todo ello lo hacían nuestras madres y abuelas de aquel tiempo.
¿Cómo se lo hemos pagado? ¿O aún seguimos creyendo que una simple cucaracha es capaz de hacer huir a cien mujeres al instante?.
Al menos sirvan estas notas, pocas y mal contadas, para recordar la importante tarea realizada por las mujeres de "antaño".
 
Agustín de la Fuente Maldonado

viernes, 12 de marzo de 2010

Castilla llora

12 de Marzo de 2010. Amaneció un día gris y frío en el corazón de la meseta, preludio de la despedida al gran Miguel Delibes. Se ha ido como vivió, con discreción y rectitud, como corresponde a un castellano de pro. Nos ha dejado el que probablemente haya sido el mejor escritor en nuestro idioma de la segunda mitad del siglo XX. Castilla llora. Nadie como él supo describir la Castilla rural, sus gentes, su forma de hablar, sus costumbres. Pero, por contraste, también describió el ambiente de las pequeñas ciudades castellanas, desde su inolvidable primera novela, “La sombra del ciprés es alargada” ambientada en Ávila, hasta la última, “El hereje” que se desarrolla en las calles de Valladolid y que cerró el círculo de su obra. Personajes también inolvidables y que hoy también le lloran: Daniel el Mochuelo, el Señor Cayo, el Nini, Paco el Bajo, Pacífico Pérez y tantos otros, en algunos de los cuales nos identificamos los que somos de pueblo o identificamos a alguien cercano. Castilla llora y lo seguirá haciendo por mucho tiempo porque esa cultura rural que él también supo transmitir está a punto de desaparecer, si es que no lo ha hecho ya, vencida por la lacra de la emigración, la falta de perspectivas, la tecnificación de la agricultura y ganadería y la globalización de las costumbres y el modo de vida. Se nos ha ido el notario de esa realidad y el testigo de los tiempos. Periodista, escritor, cazador, pescador, y a pesar de ello ecologista, deportista, humanista, académico de la lengua…y otros tantos oficios, pero ante todo Delibes era, es y será un Castellano universal, un autor comprometido con sus gentes y con su tierra. Y a pesar de todo, un hombre sencillo, humilde y cercano. Tuve ocasión de tener un breve contacto epistolar con él en 2007 cuando realicé el trabajo sobre los “nombres de las aves en Villapún”, del que le envié una copia, más que nada porque sabía que le interesaría ya que él había trabajado el tema de los nombres vernáculos como miembro de la Real Academia de la Lengua Española. Hace años intentó introducirlos en el DRAE, con escaso éxito, según me contó su hijo por las reticencias de otros académicos. Mi sorpresa fue que Miguel Delibes me contestó muy amablemente e incluso me hizo algunas sugerencias y aportaciones propias. Nunca lo olvidaré. 
Y qué decir de su amplia obra literaria, en todos sus libros se encuentran historias únicas y personajes con vida propia, todo ello descrito en un castellano nítido y a la vez riquísimo, con palabras y expresiones auténticas del lenguaje de nuestros pueblos. De sus novelas, aunque todas son recomendables, quisiera destacar una: “El Camino”, obra de fácil lectura y que debiera ser texto obligatorio en todos los centros escolares. Muchos de los que hemos vivido en un pueblo nos vemos reflejados en alguno de los personajes y en la historia que se cuenta. Si no lo habéis leído hacedlo, es el mejor homenaje que puede hacerse a su autor.
 
“Las calles, la plaza y los edificios no hacían un pueblo, ni tan siquiera le daban fisonomía. A un pueblo le hacían sus hombres y su historia. Y Daniel el Mochuelo sabía que por aquellas calles cubiertas de pastosas boñigas y por las casas que las flanqueaban pasaron hombres honorables, que hoy eran sombras, pero que dieron al pueblo y al valle un sentido, una armonía, unas costumbres, un ritmo, un modo propio y peculiar de vivir”
                         

                          Miguel Delibes, "El Camino"

Castilla llora, pero la obra y los personajes delibeanos se quedan con nosotros, perdurarán en el tiempo como testigos de esa Castilla rural que ya no es. Descanse en paz.


Roberto Rodríguez Martínez

viernes, 14 de agosto de 2009

El disputado voto del señor Aníbal

Algunos habréis visto que durante este mes de agosto hemos estado por Villapún recabando opiniones sobre el cambio de nombres para las tres calles designadas con letras del abecedario y las dos plazas del pueblo. Pues bien, la propuesta ha sido acogida con gran interés y entusiasmo por parte de la mayoría de vecinos de Villapún con los que nos hemos encontrado y que nos han dedicado unos minutos para participar en la misma. Es más, muchos nos han felicitado y animado para que la iniciativa salga adelante, lo cual es de agradecer y nos motiva para seguir con el proyecto.
Es de destacar el alto índice de participación tanto por parte de los villapuneses residentes como de los veraneantes. Sin embargo, ha habido uno que hasta ahora se nos ha resistido a dar su opinión por más que le hemos insistido para que participe. Y cada vez que nos encontramos con él, la misma cantinela:
 
-“Aníbal, ¿ya sabes lo que vas a votar?.”
-“A mí no me preguntes nada de eso, yo no voto nunca.”
-Pero si no tienes que votar, sólo decir que nombre te gusta más para la calle de la A.”
-“Que yo no trabajo en eso, lo que queráis.”
 
Y a uno le parece estar viviendo la historia relatada por Miguel Delibes en la novela “El disputado voto del señor Cayo”, en la cual dos militantes de signo político contrario coinciden durante la campaña electoral de unas elecciones en un pequeño pueblo castellano en el que sólo quedan dos habitantes (y están reñidos), de manera que se produce una intensa pugna por parte de los dos políticos para decantar el voto del señor Cayo hacia uno u otro bando. Pero el señor Cayo, interesado en asuntos menos prosaicos, no da su brazo a torcer.
De manera parecida abordamos a Aníbal, intentando tocar su fibra sensible:
 
-“Pero, ¿no prefieres que la calle de la A se llame mejor de Oncastellana, de la Mata Montera o Escuelas Viejas?”.
-“Y qué más me da, si yo voy a andar igual por ella…”
 
Bien pensado, no le falta nada de razón y la respuesta nos recuerda el pragmatismo del señor Cayo.
Y a lo más que hemos podido llegar después de mucho insistir es a un compromiso nada despreciable, dadas las circunstancias.
 
-“Bueno, pues si después de que voten todos hay empate a veintidos, pues entonces ya me preguntáis a mí.”
 
Así que, si al final en la encuesta tenemos empate técnico ya sabéis quién decidirá el resultado final.

viernes, 24 de julio de 2009

FROILÁN MALDONADO: futbolista profesional natural de Villapún

La afición al fútbol en Villapún, y en general en todos los pueblos de la zona, era mucho mayor hace unas décadas, al menos en lo que a la práctica de dicho deporte se refiere. La prueba es que raro era el pueblo que no contase con su campo de fútbol con porterías “reglamentarias” en el que chavales y mozos soñaban con emular a sus ídolos y se enfrentaban a los pueblos vecinos en partidos antológicos, especialmente el día de la fiesta. Habitualmente se apalabraba el partido contra algún pueblo de “renombre” de la zona, que acudía para luego devolver visita el día de su fiesta. Eran otros tiempos, hoy en día esos campos languidecen sin jóvenes ni niños que se acerquen a dar “cuatro patadas” a la pelota.
Froilán Maldonado, cuya imagen vistiendo la camiseta de su pueblo natal puede verse aún en el Teleclub, fue uno de los futbolistas que salió de la cantera de Villapún.

Froilán Maldonado Monje nació en Villapún el 2 de octubre de 1956, donde ya desde muy pequeño dio muestras de sus dotes futbolísticas. A buen seguro que el joven Froilán pasó muchas horas en la Era o en cualquier calleja del pueblo jugando con la pelota en compañía de otros mozalbetes del pueblo, entre ellos su hermano Nano, de quien dicen que tenía tan buenas cualidades técnicas como Froilán. Muy pronto su familia se trasladó a Burgos, donde pudo continuar su afición, formándose en las categorías inferiores del equipo de la ciudad, de donde pasó al Mirandés, por entonces en Segunda División B, en el que militó hasta marzo de 1981.
-En la temporada 1980-81 el Palencia C.F., que jugaba en la Segunda División A del fútbol español, pasaba una situación deportiva delicada y consiguió la cesión de Maldonado, como se le ha conocido profesionalmente, que debutó en el equipo el 22 de marzo de 1981 ante el Linares.  Maldonado llegó junto con otro ilustre futbolista palentino, Mediavilla, procedentes ambos del Mirandés. En principio venían cedidos por 600.000 pesetas, pero a la postre se pagaron seis millones de pesetas por ambos, por entonces el fichaje más caro en la historia del club morado. Maldonado jugó como defensa central en 9 partidos de liga y a pesar de su buena labor no pudo evitar que su equipo descendiera ese año a Segunda B.
-En la temporada 1981-82 el Palencia C.F. queda encuadrado en el Grupo I de la Segunda División B. Maldonado jugó regularmente durante esa campaña ya que participó en 38 partidos de liga, marcando 2 goles (ante el Endesa de Andorra y el Erandio), y  en dos de Copa.  El éxito deportivo no se hizo esperar, quedando clasificado el Palencia en el segundo lugar de la tabla sólo superado por el Barcelona Atlético y logrando así de nuevo el ascenso a la categoría de plata del fútbol español. Sin embargo, en el terreno económico las cosas no se estaban haciendo bien en el club palentino, lo que a la postre provocaría la diáspora de Maldonado y otros compañeros. Como curiosidad, el 10 de abril del 82 tuvo lugar una huelga de futbolistas en la que no participaron ni Maldonado ni su compañero Chaparro al no tener ficha profesional por lo que jugaron con miembros del equipo filial.
-La temporada 1982-83 fue una de las más memorables para el club morado, con una plantilla con la que estuvo a muy poco de lograr el ascenso a primera División. Maldonado jugó 35 partidos de liga, logrando marcar un gol ante el Castellón, y 5 de Copa. En el terreno deportivo las cosas funcionaron bien, pero el Palencia adeudaba importantes sumas de dinero a los jugadores por lo que a mediados de octubre deciden encerrase en la sede del club, trascendiendo la noticia a nivel nacional. Finalmente no se logró el soñado ascenso a la categoría de oro, quedando a tan solo tres puntos y clasificándose el Palencia en quinta posición. Por si fuera poco, los problemas económicos llevaron al Palencia a desmantelar la plantilla y a su práctica desaparición. Los jugadores presentaron una demanda de rescisión de sus contratos por impago de las mensualidades ante la Magistratura de Trabajo, fallando a su favor.
-Por su parte Froilán, con 26 años de edad y en el momento más dulce de su carrera deportiva, consiguió la carta de libertad y llegó a un acuerdo para su fichaje por el R.C.D. Español de Barcelona, aunque otros equipos como Valladolid, Salamanca y Zaragoza también estuvieron interesados. La prensa catalana recogió la llegada del jugador Villapunés. El fichaje, en principio por una temporada, se prolongó a un total de tres, en las que Maldonado jugó en Primera División en aquel Español de N´Kono y Lauridsen:
-En la temporada 1983-84 jugó 27 partidos completos como titular, con un total de 2430 minutos en el campo y tres tarjetas amarillas recibidas, muy buenos datos para un defensa central. Su nombre aparece en los periódicos durante el arranque de la temporada, citando además su lugar de nacimiento en Villapún. Su primer partido fue ante el Sabadell y desde el principio manifestó su intención de trabajar duro para ser titular en el equipo. No obstante el inicio de temporada fue difícil para Maldonado, viendo desde la grada los primeros partidos hasta su primera convocatoria ante el Sevilla, aunque su debut en Primera División tuvo que esperar unas jornadas más. Poco a poco se fue haciendo un hueco, como se refleja en una entrevista de prensa publicada en el Mundo Deportivo. Maldonado se acopló rápidamente al equipo y en la séptima jornada del 16 de octubre de 1983 debutó como jugador de Primera ante el Mallorca, partido celebrado en el estadio de Sarriá. Desde entonces contó con la confianza del nuevo entrenador Javier Azkargorta, lo que le permitió su titularidad indiscutible, destacando por su regularidad. La prensa barcelonesa recogió el buen hacer del defensa palentino en su primera temporada como españolista, con muy buenas críticas en general. "Seriedad, discrección, seguridad..." fueron algunos de los apelativos con los que se calificaba por la época al "barbudo central" palentino. De nuevo la prensa apuntó hacia el defensa villapunés ante el derbi catalán frente al Barça en Sarriá. La temporada fue dura y Maldonado se lesionó en un partido amistoso ante su antiguo equipo el Mirandés, al romperse el ligamento interno de la rodilla derecha. Fue operado el 4 de mayo, lo que le mantuvo apartado del terreno de juego y le obligó a un largo período de recuperación, tras el cual el jugador hace balance. Tras los fichajes de cara a la siguiente temporada, es consciente de que debe ganarse de nuevo un hueco en el equipo titular. Su reaparición se produce en agosto, en un partido amistoso ante el Zaragoza en Castellón, en el que actuó a un buen nivel.
-En la siguiente temporada, 1984-85, jugó 19 partidos como titular, todos completos excepto uno, con un total de 1665 minutos en el campo y dos tarjetas amarillas recibidas. Además intervino en 4 partidos de Copa del Rey. En la presentación del equipo vuelve a aparecer el nombre de Froilán Maldonado, citándose de nuevo en la prensa su localidad natal. La temporada comienza para Maldonado mejorando su preparación y no regresa al equipo titular hasta finales de octubre. No obstante, la lesión y los malos resultados del equipo hicieron que las entradas y salidas en el equipo titular se sucediesen. Con frecuencia la prensa se refería al jugador palentino aludiendo a sus orígenes y a tópicos relacionados, como en la entrevista publicada a finales del 84: "Maldonado es un castellano viejo de pocas palabras y toneladas de sinceridad". En 1985 nacería su hijo Rubén, acontecimiento también recogido por la prensa, y que vino a coincidir con el enfrentamiento ante el Real Madrid, en el que a Froilán correspondería la dura tarea de intentar frenar a Butragueño, "haciendo sombra al Buitre". También recaería en Maldonado la responsabilidad de anular a Hugo Sánchez en el enfrentamiento de esa temporada ante el Atlético de Madrid. Al terminar la liga se prorrogó su contrato con el Español hasta 1988 y en otra entrevista Maldonado hace balance de la temporada, comentándose que disfruta de sus vacaciones en Burgos, salvo una semana que pasa "en su pueblo, en Palencia".
-La de 1985-86 fue su última temporada en Primera, en la que jugó 16 partidos, 14 como titular, con un total de 1665 minutos en el campo y tres tarjetas amarillas recibidas. Intervino además en 5 partidos de Copa del Rey, marcando un gol en campo del Plasencia (1-5). En la presentación de la plantilla del Español 85-86 vuelve a aparecer el nombre de Villapún en la prensa catalana. En el inicio de temporada se produce el enfrentamiento ante el Real Madrid, en el que de nuevo toca a Maldonado la responsabilidad de frenar a la delantera blanca. Ya desde la primera parte del campeonato Froilán ya no aparece como el titular casi indiscutible que había sido hasta ahora. No obstante en el enfrentamiento de la segunda vuelta ante el Madrid vuelve a recuperar la titularidad, igual que había ocurrido ante el Barça. La lesión de su compañero Iñaki le permitió afrontar algunos partidos importantes, como la eliminatoria de la Copa de la Liga ante el Celta.
En total fueron 62 partidos los jugados por Froilán Maldonado en las tres temporadas de Primera División, con una media de 86,5 minutos jugados por partido.
-En la temporada siguiente, 1986-87, la llegada de Javier Clemente al banquillo del Español supuso la salida de Maldonado, al no contar el técnico vasco con él, por lo que, tras un intento fallido de traspaso al Castellón, fue cedido por una temporada al Deportivo de la Coruña, que por entonces era de Segunda División. En este equipo realizó una buena campaña y contaba con la aprobación del técnico Eusebio Ríos para que siguiese en este equipo si se conseguía finalmente el ascenso a Primera.
-No obstante el Español llegó a un acuerdo con el Figueras, equipo de Segunda A, en el que militó durante tres temporadas, 1987-88, 1988-89 y 1989-90. En su primera temporada en este equipo jugó 36 partidos completos como titular y participó en otros seis más, recibiendo cinco tarjetas amarillas. La prensa seguía destacando las cualidades del jugador. En la siguiente temporada jugó como titular 18 partidos completos más dos en los que fue sustituido, además de cinco de suplente en los que llegó a saltar al terreno de juego, recibiendo un total de tres tarjetas amarillas.
-Finalizó su carrera como futbolista profesional en el Gerona de Segunda B, en el que jugó durante la temporada 1990-91, figurando su nombre y localidad de nacimiento en el plantel de jugadores de esa temporada. Al finalizar la temporada la prensa anunció la intención del jugador de trasladar su domicilio a su región natal, ofreciendo sus servicios al Palencia, pero las negociaciones no fructificaron, por lo que terminó su carrera deportiva.

viernes, 26 de junio de 2009

La familia "Marcos" en Villapún o porqué el corral del "Guarrate" tiene tres dueños

En los pueblos pequeños las vidas de las distintas familias se cruzan unas con otras y a veces nos preguntamos por qué tal o cual hacienda pertenece a varios dueños, como es el caso de uno de los corrales que aún quedan en Villapún, el del Guarrate. La historia arranca a finales del siglo XIX y principios de siglo XX cuando vivió en Villapún un matrimonio formado por Mariano y su mujer Eleuteria, cuya casa fue la que pertenece hoy a Exiquio. Al "Tío Mariano" le llamaban también Mariano “Tarragona” por haber hecho la mili en dicha ciudad y así distinguirle de otros “marianos” residentes en el pueblo, como Mariano Maldonado o Mariano Montes. En cuanto a Eleuteria Marcos era hermana de Juan Marcos, casado con Calista Diez con la que tuvo 4 hijos, a saber:
1-Inés Marcos, casada con Gregorio Maldonado y padres de Raimunda, Hermenegilda, Eladio, Nemesio, Cesárea y Germán.
2-Juliana Marcos, casada con Mariano Maldonado y padres de Diodora, María, Cándido, Aniano, Dionisio, Justa y Terencio.
3-Marcos Marcos, casado con Petra Calvo y padres de Pilar, Exiquio y Julia.
4-María Marcos, casada en Santervás de la Vega y madre de Alejandro y este a su vez padre de Acacio. Pero volvamos a los protagonistas iniciales de esta historia: al fallecer sin descendencia Mariano "Tarragona" y Eleuteria Marcos dejaron sus bienes a sus sobrinos de la familia "Marcos". He aquí la explicación de por qué el corral de ovejas que tenían en el "Guarrate" estuviera partido en tres partes que heredaron sus sobrinos de Villapún, los tres hermanos "Marcos". Así, todos hemos conocido la parte del corral del Sr. Aniano Maldonado Marcos, la parte del Sr. Germán y la parte que aún existe actualmente, propiedad de Julia Marcos y su esposo Paciano Martínez. Permítaseme finalmente una reseña particular, ya que a mi me quedan muchas cosas por aclarar. Y una muy personal. Como todos sabréis soy natural de Villota del Páramo, pero mis apellidos marcan un origen cercano: Agustín de la Fuente Maldonado Nicolás Marcos. ¡Mi abuela era Marcos de primer apellido!, hija de Juan Marcos y Calista Diez, mis bisabuelos.
Mi abuela Juliana, que nació hacia 1885 y vivió hasta 1950, ¡también era de Villapún!. Lo mismo que mi madre, María Maldonado Marcos (1910-2004).
En documentos históricos de siglos pasados aparecen otros "Marcos". ¿Seremos todos descendientes de Hipólito Marcos (1652), de Basilio Marcos (1711) y de Marcos Marcos (≈ 1800)?.
Toda mi familia “Maldonado Marcos”, hijos del abuelo Mariano y de la abuela Juliana, son de Villapún: Diodora, María, Cándido, Dionisio, Aniano, Justa y Terencio. Mi abuela Juliana tenía tres hermanos: Inés, Marcos y María (casada en Santervás, como ya se indicó más arriba). De mi familia son también los “Maldonado Marcos” hijos de la tía Inés Marcos (hermana de mi abuela) y de Gregorio Maldonado, “el tío Goyo” (nacido en Bustillo de la Vega): Raimunda, Hermenegilda, Eladio, Nemesio, Cesárea y Germán. También lo son los “Marcos Calvo”, hijos del tío Marcos Marcos (hermano de mi abuela) y de la tía Petra Calvo (nacida en Pedrosa): Pilar, Exiquio y Julia.
Vamos, que rascando un poco, como veis, quién más quién menos en Villapún todos somos familia.
 
Agustín de la Fuente Maldonado

sábado, 26 de julio de 2008

Topillos, mentiras y falsos mitos

Muy temprano, apenas una hora tras la salida del astro rey, paseando por la pista de Villapún hacia la Roza, que atraviesa cultivos de cereal en esta zona de la vieja Castilla, uno puede encontrarse escenas que evocan la dura batalla por la supervivencia que todos los seres vivos tienen que librar. A escasos veinte metros por delante del camino que recorro en esta cálida mañana estival, no menos de nueve pequeños mamíferos salen raudos de sus refugios en las cunetas laterales en dirección al reguero central del camino cubierto de hierba. Se trata de topillos campesinos, Microtus arvalis para más señas, que se desplazan con gran rapidez, cual pequeños juguetes mecánicos, en busca de los brotes y abundantes semillas de los que tratan de alimentarse. En su corta carrera se turnan unos a otros, de manera que no más de dos o tres coinciden en la zona abierta y nunca en la misma posición, lo que dificultaría el posible ataque de alguno de los múltiples enemigos que este micromamífero tiene. Y es que la acción de la selección natural sobre las poblaciones de cazadores y sus presas se asemeja a una suerte de carrera armamentística en la que estas últimas han de mejorar continuamente sus técnicas defensivas y los primeros las propias de la depredación. Así, los topillos, animales de actividad principalmente nocturna, aprovechan los primeros rayos del sol para librarse del acoso de los cazadores de la noche, en esta zona sobre todo del búho chico, auténtico azote de estos roedores, y ponen en juego la táctica descrita en un intento de desconcertar a un posible enemigo diurno.
Pero ¿quiénes son estos denominados "topillos"?. Pues en realidad, a pesar de lo que su nombre vulgar pudiera sugerir, poco tienen que ver con los auténticos topos y mucho con los ratones de campo y otros roedores, aunque pertenecen a una familia diferente, la de los Micrótidos. A esta familia pertenece el topillo campesino, un auténtico desconocido en la meseta castellana hasta el último cuarto del siglo pasado, período en el que colonizó este territorio, al parecer de manera natural, procedente de las zonas montañosas circundantes. Y su llegada se hizo notar debido a la dinámica poblacional propia de la especie, con tendencia a producirse notables incrementos demográficos cíclicos cada cuatro o cinco años, que pueden llegar a progresar en auténticas plagas de más de mil ejemplares por hectárea en cultivos de regadío.
Y en una de esas estamos, pues desde el verano de 2006 una de estas explosiones de topillos, que se inició en la Tierra de Campos palentina, ha ido progresando como una mancha de aceite por las comarcas aledañas, sembrando el temor entre los agricultores que ven cubiertos sus cultivos por los dichosos roedores, creando una polémica a la que no han sido ajenos los propios agricultores, la administración, los medios de comunicación y los colectivos proteccionistas. La presión de los primeros obligó a los políticos a permitir un tratamiento con veneno que luego se detuvo por las imprevisibles consecuencias ecológicas y sanitarias que pudiera tener. Más adelante se volvieron a sembrar los campos con miles de tubos de plástico con grano envenenado de muy dudosa eficacia y altos riesgos, a pesar de que cuando la plaga empiece a remitir por sus propios mecanismos de control natural habrá quien se cuelgue medallas justificando el uso de este tipo de medidas, que resultan algo así como “matar moscas a cañonazos”.
En este asunto de los topillos ha habido mucha demagogia y altas dosis de desinformación, en el que además ha jugado un papel no poco relevante la prensa, ávida de sensacionalismos y en la que pocas veces se ha dado voz a los que verdaderamente saben de estos temas. Se ha podido oír a agricultores enfadados, culpando a la administración de inoperancia y a los “ecologistas” de ser responsables de la plaga por no “permitir” el uso de venenos, cuando no de ser quienes liberan directamente “los ratones” en el campo para servir de alimento a las rapaces y otras “alimañas”. Y es que llueve sobre mojado: esta idea, fruto del más absoluto desconocimiento sobre ecología de poblaciones y dinámica de depredadores y presas, no es nueva, puesto que, ¡qué casualidad!, cada tres o cuatro años vuelve a acusarse de lo mismo a los “ecologistas” o a la mismísima administración personificada en forma de “el ICONA”, organismo que, por otra parte, lleva extinto ya unos cuantos años sin que algunos se hayan enterado aún. Por cierto, dentro de otros tres o cuatro años se volverá a hablar de topillos, al tiempo...
Dicen que no hay nada más atrevido que la ignorancia y muchos de los que acusan tan alegremente quizás deberían mirarse al ombligo y pensar que si ahora hay topillos y antes no los había también ahora el campo es muy diferente a como era hace poco más de un cuarto de siglo. Y es que las concentraciones parcelarias, la proliferación de regadíos, la mecanización de las faenas agrícolas, el uso masivo de productos químicos y las nuevas técnicas de cultivo han mejorado sin duda la producción agrícola y las condiciones de vida de los agricultores, algo totalmente loable, pero también pueden estar en la raíz del problema y ser una de las causas de la expansión de ciertas plagas, incluida la de los topillos, por ciertas zonas donde antes no se conocían. La desaparición de barbechos y de la rotación de cultivos, la siembra directa, el uso de fertilizantes y pesticidas que afectan a los depredadores pueden haber servido de llama que ha prendido la mecha de la situación actual.
Dicho todo lo anterior, ahora la cuestión relevante es: ¿qué puede hacerse y hasta cuando durará la plaga? Pues los expertos conocen muy bien que las soluciones radicales y simplistas no sirven en estos casos, es más, pueden generar problemas más graves que los que intentan solucionar. Muy probablemente la propia dinámica poblacional de los topillos les llevará a reducir drásticamente sus poblaciones, ya que el control endógeno parece jugar un papel importante, de forma que cuando el número de individuos es muy elevado se produce una inhibición hormonal de la reproducción y de igual manera la llegada de un invierno frío o muy lluvioso volvería a poner las poblaciones de micrótidos en números más bajos.
Volviendo al principio del relato, el paseo matinal concluyó con una escena de caza en la que una comadreja atravesó el camino no muy lejos de donde había tenido lugar la escena inicial y en la cuneta abandonó, asustada por la presencia del observador, el cadáver aún caliente de un topillo que acababa de cazar. Y es que el mantenimiento de poblaciones saludables de las especies que se alimentan habitualmente de topillos, esas supuestas “alimañas” que los agricultores miran con tanto recelo, podría ser uno de los factores más importantes en el control de esta explosión demográfica de topillos, convirtiendo a estos depredadores en auténticos aliados, en vez de enemigos acérrimos del hombre, en el control de ésta y otras muchas plagas que afectan a los cultivos.
 
Roberto Rodríguez Martínez

Villapún (Palencia)
10  de agosto de 2007

jueves, 26 de junio de 2008

Los duendes de la noche

Se apagan las últimas luces del día con la calma en el ambiente y el palpitar de la sangre caliente de los pequeños “duendes de la noche”, que en esta hora mágica inician el segundo turno de la trepidante vida del robledal, aunque coinciden con algunos seres que amplían su jornada diurna más allá de las horas de luz, como es el caso de los recién llegados ruiseñores que aprovechan la oscuridad para lanzar a los cuatro vientos la proclama de su territorio por conquistar; algún petirrojo también les acompaña desde lo profundo de la vegetación, aunque sucumbe antes de que se cierre la noche en su empeño vital por delimitar sus parcelas.
 A la caída de la tarde varias pigazas “cacarean” con su estrepitosa voz mientras buscan un refugio seguro para pasar las horas tibias sin luz. Un relinchón de vuelo ondulante deja oir su característico reclamo haciendo honor a su nombre, acertadamente aplicado por las sabias gentes del campo. No muy lejos, en el brezal del páramo dos alcaravanes dirimen sus diferencias compitiendo por el favor de alguna hembra esquiva mediante su lastimero reclamo nupcial. Y mientras, en el corazón de la foresta, un autillo hace lo propio e inicia su jornada nocturna con los escarceos amorosos y la búsqueda de las pequeñas presas de las que se alimentará. Los grillos continúan su canto armonioso y en la oscuridad se une a ellos el más monótono de sus parientes los grillotopos, mientras la noche se va cerrando y en la charca del valle las ranitas de San Antonio inician su coro particular en un concierto que nos regala los oídos y al que cualquiera puede asistir, sin reserva previa de asiento, al espectáculo nocturno que durará hasta altas horas de la madrugada. Desde el cercano y modesto pueblo llegan los ecos de la bulliciosa algarabía de jóvenes y mayores quienes también apuran los últimos instantes de luz, sumándose al espectáculo natural en el que hombres y demás criaturas vivientes estamos inmersos. Esto es motivo de esperanza y nos hace pensar que aún es posible la armonía del hombre con su entorno, tantas veces castigado; no todo está perdido, la vida continuará un día más en este pequeño paraíso y en este maravilloso planeta vivo que llamamos TIERRA.
 
Roberto Rodríguez Martínez 
Melojar de “la Roza”, en Villapún (Palencia)
Atardecer del 1 de Mayo de 2005 (21:30-22:00)

martes, 12 de febrero de 2008

Recuerdos de mi infancia

Martes, 12 de febrero de 2008:
Parece que fue ayer. Recuerdo, aun de niño, cuando nos juntabamos la cuadrilla de amigos y nos ibamos a jugar a pistoleros por las calles del pueblo que me vio nacer, villapun, despues de salir de la escuela. En aquellos tiempos no habia play ni ordenadores como ahora. Recuerdo que tambien jugabamos a "la maya" en los corrales de la revilla o en el corral del señor aniano o por todo el pueblo o en el casillo,incluso en los pinos de la roza. Jugabamos a "chillar" a "la vaca plantada" a "tijeras o pulgar" al "balon-tiro" al "pañuelo" a "raton que te pilla el gato". En invierno a "los pinches", "carreras de barcos" a "las cuatro esquinas" en el portalin. En verano ibamos a la era a ver trillar. El que iba en el trillo llevaba un caldero y cuando veia que una vaca levantaba el rabo ponia el caldero para que la moñiga no cayera en la trilla. Teniamos un arma peligrosa, "el tirapiedras", ideal para matar pardales (pobrecillos) y romper las bombillas de las farolas. Eran los tiempos de macinger z de heidi de las radionovelas y de elena francis. Eran los tiempos de los vuelos tripulados a la luna, eran los tiempos de los beatles y del comediscos. Recuerdo el comediscos de mis hermanas mayores, era rojo. Los chiripitiflauticos, la casa del reloj, un globo dos globos tres globos......Recuerdo cuando venia el tardio o el pescadero o los dos mocitos, que los chicos nos peleabamos por ir a pregonar por todo el pueblo y nos recompensaban con unas golosinas. Los sabados y los domingos ivamos a pedir la llave de la casa del pueblo para ver la television. Tambien jugabamos mucho al futbol en la era, en el guarrate, en el camperito, en la tapia del señor teodoro, en la huerta, en todos los sitios. ¿que fue de aquellos tiempos?¿porque se los llevo el tiempo? como diria el viejo bob "armonica" dilan: la respuesta esta en el viento. Habia una noche especial en el año, la noche de reyes, que emocion. Limpiabamos los zapatos y a esperar los regalos. Por la mañana despues de misa ibamos todos los niños donde Cianos, nos poniamos en fila y nos daban a todos una naranja. Ya nos haciamos mayores y empezamos a fumar. Ibamos a santervas a comprar tabaco donde respi. Comprabamos de todas las marcas, lola, mencey, kaiser, goya, 46, ducados, celtas largos y cortos, sombra, jean, more....que brutos. Ya llegaron los tiempos de la Dipos, juergas, fiestas, futbolines, villares, alguna novia. Que bien lo pasabamos. Tantas y tantas cosas que me dejo en el tintero. Yo pienso que ningun tiempo pasado fue mejor que el presente, pero el pasado tiene la ventaja de que uno siempre lo añora. Si alguno de vosotros, los mas jovenes, quereis saber como se jugaba a dichos juegos preguntadlo que seguramenete alguno de mis compañeros de juegos tenga a bien responder gustosamente. Con el paso del tiempo mis esperanzas y mis temores han ido disminuyendo por un lado y aumentando, a la par, por el otro. Si, hubo un dia enque yo tambien fui niño. Ahora ya, mi niñez esta muerta y enterrada en el pasado. Pero tan seguro como que ahi un diablo en el infierno que YO como un pecador ante las puertas del cielo seguire arrastrandome los fines de semana hasta mi pueblo, VILLAPUN´. PD: perdonad mi atrevimiento, mi osadia y mis faltas de ortografia.

Luis Ángel Rodríguez Martínez