¡Actualizado! En el canal de YouTube de Villapun está disponible el vídeo de la presentación del libro “Mis amigos y otros animales. Andanzas de un naturalista de pueblo” que tuvo lugar el 20 de agosto de 2022 en la iglesia parroquial de San Pelayo en Villapún. Ya está disponible el video completo en alta calidad.
"Crónicas de un pueblo palentino"
"Crónicas de un pueblo palentino" es una sección de la web www.villapún.es en la que se publican relatos verídicos o de ficción que tengan relación con el pueblo de Villapún o la cultura rural en general. Si quieres participar escribe tus historias y vivencias, tu relación con el pueblo, acontecimientos del pasado, cuentos del abuelo, aventuras de la infancia..., en fin, lo que quieras y envíalo a: villapun@gmail.com
sábado, 20 de agosto de 2022
Vídeo de la presentación del libro "Mis amigos y otros animales. Andanzas de un naturalista de pueblo" en Villapún (20 de agosto de 2022)
sábado, 18 de junio de 2022
Preparando el Corpus Christi en Villapún
domingo, 29 de mayo de 2022
Villapún en “Diario Palentino”
lunes, 23 de agosto de 2021
Un poco de Villapún en el Centro Miguel Delibes de Urueña
En la localidad vallisoletana de Urueña, también conocida como "la villa del libro", entre otros museos dignos de visitar, se encuentra el Espacio para la Lectura, la Escritura y sus Aplicaciones (e-LEA) dedicado a la figura del escritor Miguel Delibes. El área expositiva del centro incluye una relación de objetos y palabras propias del lenguaje rural, reflejados en alguna de las novelas de Delibes.
En una reciente visita al e-LEA nos paramos ante el expositor dedicado a un fragmento de la novela "El camino" en el que se evoca el canto dedicado a la "Pastora Divina". Tras la reproducción del texto y descripción de la advocación a esta Virgen un código QR y una dirección de YouTube enlaza al "coro de feligresas de la Iglesia de Villapún (Palencia)", permitiendo el acceso al video "Pastora Divina, seguirte yo quiero" grabado en la iglesia de Villapún el 22 de abril de 2012.
miércoles, 1 de abril de 2020
Recuerdos lejanos de Villapún
Voy a recordar, con cariño, cómo era nuestro pueblo hace ya un motón de años, concretamente, allá en la década de los 50; algunos de estos recuerdos vividos por mi y otros conocidos a través de las narraciones de mis padres.
Villapún era y es, un pintoresco pueblo edificado en un alto donde el aire es limpio sin contaminaciones de ninguna clase. En la época a la que me refiero era tranquilo donde se vivía como en una familia. No había coches de línea, ni mucho menos ferrocarril. No había aparatos de radio, ni televisión, ni teléfonos móviles… La gente convivía pacíficamente y con alegría compartiéndolo todo: dolores, problemas, dificultades y fiestas gozosas. Existían vínculos muy humanos porque las personas se conocían y se trataban mucho. Algo muy distinto a lo que ocurre ahora en las ciudades que habitamos que casi todos van hablando por la calle con los móviles y no dan los buenos días ni en las salas de espera de los médicos por estar hablando con personas de lejos. No es que los adelantos conseguidos sean lamentables, no, bienvenidos sean mientras sirvan para fomentar la fraternidad y el amor pero lo malo es cuando distancian y deshumanizan, cuando cada uno se aferra a su ego y no le importan los demás.
Tomamos nuevamente el hilo, después de este inciso.
En Villapún había dos etapas muy diferenciadas: la del verano y la del invierno. En el verano, que era cuando solíamos ir de vacaciones los que vivíamos en la capital, el trabajo era muy duro, sobre todo en el mes de agosto cuando se hacía la cosecha o recolección de los cereales. Trabajaban también las mujeres de sol a sol y por la tarde, cuando volvían a casa regresaban contentas a pesar del cansancio. Eran típicos los paseos de las mozas todavía con los pañuelos blancos sobre la cabeza, canturreando y dirigiéndose a la fuente del Canto con los botijos a buscar el agua. ¡Había alegría! ¡Mucha alegría!
Después de la cena, todavía se salía fuera de casa a tomar el fresco y a comentar las noticias del Papel (llamaban así al periódico que alguno recibía por correo y divulgaba entre los vecinos). Lo que decía el Papel era dogma de fe y no se ponía nunca en cuestión.
El invierno era muy distinto, en el campo no había tanto trabajo y las mujeres solían ir menos. El frío era intenso y todo el mundo se colocaba al lado del fuego que se hacía en el suelo con unos buenos troncos de leña, así eran las cocinas donde se preparaba la cena y las demás comidas. En el resto de la casa no había calefacción y por eso, después de cenar se reunían los vecinos en torno a las llamas chisporroteantes de los maderos a contar historias mientras los hombres hacían escriños, las mujeres hilaban y los niños se dormían tumbados en la trébede al calorcillo.
En cada uno de estos pueblos, aunque fuera pequeño, había un sacerdote. En Villapún estaba Don Ugenio (no es una errata, el cura era Don Ugenio sin la e). Él era como el Pastor o el Patriarca que conocía bien a su rebaño pues estuvo en el pueblo casi 50 años, le faltó muy poquito para celebrar sus Bodas de Oro en la parroquia cuando ya enfermo y casi ciego tuvo que irse con sus sobrinos a Villamizar. A todos les había bautizado, dado la primera comunión, casado y, siguiendo la genealogía, bautizado a sus hijos, etc, etc.
Pues Don Ugenio era un buen cura que visitaba a su gente, acompañaba a los enfermos y los domingos cantaba la misa en compañía de los mozos que interpretaban desde el coro la misa de Angelis sin acompañamientos musicales. ¡Y cómo tarareaba Nisio el introito en latín mientras salía Don Ugenio de la sacristía! Los expertos dirían que no había belleza musical, pero había mucha fe y se cantaba con todo el corazón. Los domingos no faltaba nadie a misa ni al rosario. Cuando a las 4 de la tarde tocaba Don Ugenio la campana, todo el pueblo iba a rezar a la Virgen. Después, las mozas ya se iban en grupo a pasear por la carretera, bajando hacia Santervás. Los mozos las seguían pronto y todos juntos pasaban sus juergas contando chascarrillos y gastándose bromas hasta el atardecer porque a la puesta del sol, había que estar en casa.
En honor a la verdad hay que decir que los niños, sobre todo algunos más traviesos, no simpatizaban mucho con Don Ugenio porque de vez en cuando les propinaba un coscorrón, a usanza de la época, cuando daban guerra en la catequesis. Ciertamente la sangre no llegaba al río pero aquellas “caricias” no eran muy apetecibles que digamos, ¡qué pegones eran los mayores y más aún los maestros en aquella época! A pesar de todo, nunca se les ocurría a los chavales decir en casa que el maestro les había pegado porque les caía el segundo coscorrón y la riña consiguiente ya que por algo les habría pegado el maestro…
Había también un ambiente piadoso que ayudaba a ir asimilando la fe desde los primeros años. Por ejemplo, al salir de la escuela, creo que por la tarde, iban todos chicos y chicas en fila hacia la iglesia a hacer una visita al Santísimo, cantado aquello de:
sábado, 19 de octubre de 2019
Cómo se hizo el mural románico de la iglesia de Villapún
También nos ilustra con el significado de la simbología que incluye.







