"Crónicas de un pueblo palentino"

"Crónicas de un pueblo palentino" es una sección de la web www.villapún.es en la que se publican relatos verídicos o de ficción que tengan relación con el pueblo de Villapún o la cultura rural en general. Si quieres participar escribe tus historias y vivencias, tu relación con el pueblo, acontecimientos del pasado, cuentos del abuelo, aventuras de la infancia..., en fin, lo que quieras y envíalo a: villapun@gmail.com


martes, 26 de junio de 2018

La web de Villapún cumple 10 años

El 26 de junio de 2008, día de San Pelayo, nació la página web de Villapún en la dirección (ya extinta) www.villapunpalencia.es y que poco después fue sustituida por la actual www.villapún.es (con tilde). No fue la primera web dedicada al pueblo, ya que seis meses antes había visto la luz www.villapun.es (sin tilde), ya desaparecida como tal, pero que cumplió durante un tiempo la importante misión de dar cabida y voz a los asuntos y las gentes del pueblo.
 
Durante estos diez años se han ido incorporando en www.villapún.es todos los contenidos que actualmente constituyen la página actual. Todo comenzó con la recopilación de los nombres de las aves en Villapún, trabajo que en el año 2005 mereció el reconocimiento del diario “El Norte de Castilla” al ganar el primer premio de la tercera edición del concurso “Cosas de mi pueblo”. 
 
Esto nos animó a seguir recopilando “las cosas” de Villapún, que finalmente volcamos en la web. Así, a los nombres de las aves y sus dichos siguieron los de las plantas y sus usos y los del resto de fauna no alada. La recopilación de pagos y lugares de Villapún y el cuaderno de campo complementan la sección dedicada al entorno natural del pueblo.
 
Pero no sólo a la fauna, flora y naturaleza se dedican los contenidos de la web, puesto que hemos ido incorporando todos los aspectos culturales propios del pueblo, como pueden ser la sección de historia de Villapún, de la que estamos particularmente orgullosos, la de fiestas y tradiciones del pueblo o la de juegos populares, entre otras.
 
Especialmente consultada es la sección dedicada a los villapuneses en la que se muestran fotografías, algunas de valor casi histórico, en las que la gente del pueblo es la protagonista.
 
En la sección del vocabulario típico se reseñan aquellos vocablos, en la actualidad 1526, que son característicos de las zonas rurales castellanas, considerando 548 localismos propios de Villapún, nada menos que el 35% de los términos recopilados.
 
Pero no todo han sido logros durante esta década, también hemos tenido alguna que otra decepción como la campaña que lanzamos desde el “Edicto” para cambiar el nombre de la plaza del General Franco y de las calles A, B y C (da vergüenza hasta escribirlo), objetivo no conseguido a pesar de la alta participación de los  villapuneses, pero que el alcalde de Santervás de la Vega, D. David de Prado, ninguneó y ni siquiera se dignó a dar respuesta, mostrando su desinterés por el asunto y suponiendo un agravio para todos los vecinos del pueblo que habían participado en la encuesta.
 
En junio de 2016 sufrimos un traumático cambio de servidor de internet, que obligó a reelaborar todos los contenidos y enlaces, pero que aprovechamos también para mejorar el aspecto visual y de accesibilidad a las distintas secciones.
 
En la actualidad la web está ya completa prácticamente en su totalidad, a falta de detallar los 27 recorridos naturales que se han seleccionado en la sección de rutas por Villapún y su entorno.
  
La web matriz de Villapún se complementa con el canal de YouTube dedicado a videos del pueblo, el blog de noticias “Edicto de Villapún”, actualmente en horas bajas, y el blog “Crónicas de un pueblo palentino” donde se publican relatos que por su extensión o tipo de contenido no tienen cabida en ninguna de las secciones de la web principal.
 
Durante estos diez años hemos contado con el apoyo de algunos colaboradores, menos de los que hubiésemos deseado, a quienes queremos agradecer su desinteresada participación por sus valiosas aportaciones y animamos a todos a enviar cualquier información que echen en falta en la web de Villapún o simplemente a quienes quieran hacernos llegar sus comentarios o sugerencias sobre la misma. Podéis contactar a través de la dirección de correo electrónico villapun@gmail.com
 
También queremos dejar claro que todos los contenidos de la página de Villapún están disponibles para que cualquiera pueda hacer uso de los mismos con los únicos condicionantes de citar su procedencia e informar al autor.
  
www.villapún.es sigue activa, a la espera de que los muchos villapuneses y amigos del pueblo que la han visitado lo sigan haciendo y aportando su pequeño grano de arena para que siga viva durante mucho tiempo.
¡Gracias a todos por seguirnos durante estos últimos diez años!

sábado, 26 de agosto de 2017

Recuerdos de un maestro de escuela

José García Aguilar ejerció de maestro en la escuela de niños de Villapún durante el curso escolar 1966-67. En este relato nos cuenta sus vivencias y recuerdos de Villapún y de algunos de los villapuneses con los que coincidió.
 
RECUERDOS DE UN MAESTRO DE ESCUELA
Soy José García Aguilar, andaluz de Archidona (Málaga), maestro de ESO jubilado que  estuvo destinado en la escuela unitaria de niños de Villapún durante el curso 1966/67.
Recuerdo la aldea y la escuela donde llegué a tener matriculados un total de diecinueve alumnos que como se iban dando de alta al cumplir los seis años y de baja al cumplir los trece tuve una media de asistencia entre catorce y quince alumnos. Llegué un 19 de septiembre desde unos 800 kms al sur en una moto Vespa de 125 cc. con 26 años de edad.
Conservo muchos y gratos recuerdos personales, más que nada de la familia que me acogió tan afablemente, la del señor Nereo junto con la señora Mera, Selmi y la inolvidable Feli, como también de las mozas tan guapas que había en la aldea. Yo salía mucho junto con Selmi y con los mozos y mozas de la pedanía. De ellos recuerdo a Modesto y de ellas a varias, como Conce, que era vecina, Margarita, Justi, Agusti y Mari Paz, y el nombre de algunos señores como Otilio, Carlos y Pelayo. También recuerdo la escuela, la Iglesia y los rosarios tan animados del mes de octubre, así como las dos cantinas, en una de las cuales, la de Anita, se organizaban bailes en su patio los domingos por la tarde-noche y donde sonaban las canciones de Manolo Escobar. Tengo muchos recuerdos de aquel lugar y aquel curso: del estanque helado por donde se arriesgaban a patinar los críos, del barro y las abarcas, y de la primera helada que me pareció nevada. En la Vespa llegado el buen tiempo visité entre otras las ciudades de Burgos y León. A la primera moza que conocí fue a la bibliotecaria de Saldaña, y de esa ciudad sus ferias de ganado de los martes.
Entonces había en Villapún unas 60 familias y sobre 250 habitantes, y hoy veo que no llegan a los 70. Aquel año estaban inmersos en la concentración parcelaria que no concluiría hasta 1974. Había luz eléctrica, pero ni agua corriente ni retretes como tampoco canalizaciones de aguas sucias; esto es lo que más me impactó recién llegado.
Lo que más me maravilló fue la solidaridad entre los vecinos y la repartición del trabajo comunitario que era conocido como “huebra”. Parecía como si todo funcionara casi por inercia: sacar las vacas a pacer por la mañana y devolverlas por las tardes, limpiar la Iglesia y la escuela, que en ésta no faltara carbón para la estufa, y hasta para enterrar a los muertos.
Desde una mañana muy temprano de principios del mes de julio de 1967 en que salí de allí no he vuelto ni he visto a ninguna de las personas que conocí como tampoco de aquella buena y acogedora familia. Ahora he retomado el contacto Feli y con Roberto gracias a las nuevas tecnologías. Con Feli sólo hablé una vez por teléfono en 1992, lo recuerdo porque se celebraba la Exposición Universal de Sevilla, y en otra ocasión más tarde por las fiestas de san Pelayo en que me llamaron.
Siento la muerte de Selmi, demasiado joven, de la buena de Mera y de Nereo, todo un gran señor, inteligente y trabajador, a la edad de 95 años hace apenas cinco, pero lo que más siento es que se hayan ido sin haber tenido ocasión de darles un abrazo.
Si alguien quisiera contactar conmigo, Roberto tiene mi correo electrónico y Feli mi Whatsapp. 
Un saludo para todos los villapuneses y un abrazo para todos aquellos que conserven un pequeño recuerdo de este maestro que convivió un año en esa admirable pedanía.
José García Aguilar 

domingo, 26 de junio de 2016

Fiestas de San Pelayo, finales de los años cincuenta

Los mozos del pueblo posan con los cuatro músicos contratados para amenizar las fiestas. La fotografía está tomada en la plaza, en su lado occidental, aún no cementada por entonces.
Se aprecia detrás el monumental olmo del señor Hipólito en la calle que baja hacia La Huerta, árbol que sucumbió a la enfermedad de la grafiosis en los años ochenta del siglo pasado, como la mayoría de los que había en Villapún.
Desconocemos la fecha exacta en la que está tomada la foto, pero a la izquierda se ve la escuela nueva, por lo que debe ser posterior a 1956. A la derecha el pajar de adobe de Terencio.
Por esas fechas eran los mozos del pueblo los encargados de pagar a escote a los músicos, pasando una bandeja entre los asistentes al baile (en la foto se aprecia uno de los mozos levantando la bandeja, el que está detrás de el que lleva el tambor). Además debían proporcionarles cama si tocaban más de un día, repartiéndose los músicos en distintas casas.
Hemos identificado a algunos de los villapuneses retratados. Pulsar en la imagen para saber quien es cada uno de ellos. Si reconocéis alguno más o detectáis algún error podéis enviar un correo a rober@villapun.es
 
https://picasaweb.google.com/107954072413660693642/Villapuneses#6290509055542141634
 

jueves, 26 de mayo de 2016

La criba de la tradición

Se trata de un interesantísimo documental en el que se relata el intento por recuperar el cancionero popular de los pueblos de Castilla y León. Interviene el folclorista Joaquín Díaz que desde la fundación que lleva su nombre ha hecho una valiosa labor de recopilación, catalogación y puesta en valor de este  riquísimo patrimonio cultural. Como curiosidad hablan de la edición de un CD de música de la colección "Archivo de la tradición oral de Palencia"  en el que canta Ildefonsa Díez, vecina de Villarrodrigo de la Vega. Puede verse a partir del minuto 16.
 

martes, 26 de abril de 2016

Primavera en Villapún

La primavera tarda en llegar a los campos de estas latitudes, pero cuando lo hace se manifiesta en todo su esplendor, con una explosión de color y sonido que lo llena todo y a la que es difícil permanecer indiferente. Visitar Villapún en primavera es el mejor regalo para nuestros sentidos y la más eficaz de las pócimas para las enfermedades del alma.

sábado, 26 de marzo de 2016

La amenaza del silencio

"La amenaza del silencio" es el título de un reportaje del programa "Crónicas" emitido por "la 2" de TVE y dedicado a la despoblación de los pueblos, el más grave problema del mundo rural en la actualidad.

jueves, 7 de enero de 2016

Palencia desde una perspectiva diferente

El 6 de noviembre de 1988 la mítica serie de TVE "A vista de pájaro" dedicó un capítulo a tierras palentinas, incluyendo imágenes de los paisajes, pueblos y monumentos más característicos, entre ellos Saldaña y su castillo.
 

miércoles, 26 de agosto de 2015

Arte de calle en Villapún

José Ignacio Reyes es el autor de estas bellas composiciones que adornan las paredes exteriores de su casa en Villapún (Palencia), alegrando la vista de todos cuantos se acercan a contemplarlas.
  

sábado, 21 de marzo de 2015

Recuerdo del roblón del camino de la Roza

El siguiente relato fue redactado el 21 de marzo de 1975 con motivo de la celebración del Día Forestal Mundial, cuando la autora era alumna de 8º curso de EGB  en el Colegio Nacional Comarcal “Villa y Tierra” de Saldaña. Puede que algunos villapuneses aún recuerden el viejo roblón al que se refiere el texto, en el que llegaron a criar las cigüeñas y que sucumbió al filo del hacha a principios de los ochenta del siglo pasado.
  
EL VIEJO ÁRBOL
   
Era un árbol viejo y arrugado, de aspecto triste y solitario, y castigado por el paso de los años que habían marcado en él toda clase de infortunios y bromas pesadas. Su corteza se caía poco a poco y sus gruesas raíces se retorcían en la tierra seca e inhóspita para sumergirse luego en las inciertas entrañas de la tierra.
Para mí, él siempre estuvo allí, con su ramaje espeso y bello en primavera, lleno de melodiosos pájaros cantores y de graciosas mariposas juguetonas que se posaban en sus hojas con un temblor desbordante de vida y alegría; con sus refrescantes y deliciosas sombras en verano, que ayudaban un poquito a soportar mejor el caluroso día; con su tono amarillento en el otoño cubriendo su contorno con una bella alfombra; y luego, a la llegada del invierno, con su ramaje esquelético y tiritón que se cubría con la nieve helada y fría blanqueando su piel y que luego iba perdiendo con sollozos y grandes lagrimones.
Recuerdo que antes le cortaban todos los años algunas de sus ramas y luego se las llevaban en una carreta tosca y pesada, tirada por dos grandes bueyes viejos y cansados. Él sufría ésto manso y silencioso, despidiéndose tristemente de sus miembros. Después de ésto, su aspecto era penoso, pero, pasado el tiempo, nuevas y hermosas ramas brotaban de su interior.
Pasaron los años, y el gran árbol que antes fue fuerte y frondoso, inclinó su noble frente ante la ley de la vida y vio como sus maderas huecas y putrefactas se agrietaban y emblandecían. Pero no le importaba; él había cumplido con su destino natural y estaba dispuesto aún a rendir su último tributo.
Dentro de poco tiempo un hombre vendrá con su hacha, lo hundirá en su fofa madera y derribará al viejo árbol, poniendo fin a su existencia. Yo le miro con nostalgia y melancolía pensando que dentro de dos o tres días, tal vez mañana, me encontraré en este mismo lugar y lo hallaré vacío, notando la falta de algo. Mi amigo, el viejo árbol del camino, habrá muerto.
Y yo buscaré otro árbol, y siempre habrá otro árbol en mi vida que me dé ejemplo de sacrificio, entrega y perseverancia.
   
Teresita Rodríguez Martínez

sábado, 29 de noviembre de 2014

"El diccionario de la EÑE" recopilado por un palentino de adopción

Si hay una letra en nuestro vocabulario que resume la esencia de nuestro idioma y le da carácter esa es la letra eñe. Hasta ahora casi nadie se había ocupado de ella y sólo cuando las multinacionales de la informática amenazaron con eliminarla de los teclados de ordenadores los académicos de la Real Academia de la Lengua Española reaccionaron emitiendo un informe en favor de esta letra tan genuinamente española.
Pero a nadie se le había ocurrido hacer una recopilación de todas las palabras que aparecen en el Diccionario de la Real Academia y que incluyen esta letra en cualquier posición. Y ha sido precisamente un almeriense afincado en Palencia el autor de tan arduo trabajo. Juan Samper es su nombre y es un ingeniero técnico agrícola que en 1962 fue destinado en el  Servicio de Concentración Parcelaria en nuestra provincia, donde ha trabajado hasta su jubilación, recorriendo numerosos pueblos palentinos, en estrecho contacto con los labradores de esta tierra. De ellos le llamó la atención su "correcto hablar en un purísimo castellano muy propio de esta tierra", como el mismo relata en la introducción de su trabajo; y añade: "empecé a escuchar muchas palabras, casi todas referidas a términos del campo, que desconocía pero que tuve que aprender para mi cotidiana relación con los labradores". Y entre estos también los de nuestro pueblo, Villapún, del que nos comenta que conoce algo puesto que pasaba numerosas veces por la carretera hacia Villota y San Andrés cuando ejercía su profesión.
Recientemente ha sacado una segunda recopilación de su trabajo en la que incluye también los nombres de pueblos y apellidos que tienen la eñe en su grafía. Además el texto está acompañado con varios óleos, obra del propio autor, que ilustran algunos pueblos palentinos. Y es que Juan Samper, hombre polifacético, es también aficionado a la pintura desde hace  cuarenta años, habiendo realizado alguna exposición con notable éxito, como la que dedicó a los palomares de nuestra tierra.
Como prueba de sus dotes artísticas os dejo una imagen del cuadro del "pepús" que ha tenido la amabilidad de regalarme y os animo a que le solicitéis una copia digital de su "diccionario de la eñe" escribiéndole a jsamperlu@ono.com
 

jueves, 26 de junio de 2014

La construcción de la escuela nueva de Villapún

En el programa de fiestas de San Pelayo 2014 la Asociación de Mujeres de Villapún nos recuerda las vicisitudes por las que tuvieron que pasar los vecinos del pueblo hace más de medio siglo para conseguir una nueva escuela.
   
UN DÍA ESPECIAL EN VILLAPÚN
  
En el año 1956 se inauguró la nueva escuela de Villapún. En aquellos años el pueblo estaba lleno de niños y niñas en edad escolar, desde los seis años en que comenzaba el período escolar obligatorio hasta los catorce que se abandonaba para dedicarse a las tareas agrícolas.
La escuela era mixta, niños y niñas y un solo maestro o maestra, en esta ocasión maestra, llamada Elena Santos Vallejo. En la anterior escuela ya no era posible admitir un niño más pues estaba ocupado hasta el último rincón.
La Junta Vecinal de Villapún estaba formada por tres hombres jóvenes y con muchas ganas de trabajar y de mirar por el bien de su pueblo. Se pusieron manos a la obra, hicieron reuniones en la Casa de Concejo con la asistencia de todo el pueblo y se expusieron ideas nuevas para ver la forma de construir una nueva escuela.
Entre todos y con la ayuda de Doña Elena surgió la idea de realizar un viaje a Palencia para pedir ayuda a la institución del Gobierno Civil de la provincia, que recibió a las autoridades del pueblo con toda la amabilidad y expusieron el motivo de su visita y sus proyectos.
Se cuenta una curiosa anécdota de esa reunión. “Hombres de Villapún, son ustedes pobres para pedir, porque cuando se viene aquí hay que pedir mucho, que de dar poco ya nos encargamos nosotros”, les dijo el Gobernador Civil de la provincia.
Lo cierto es que vinieron contentos porque consiguieron una ayuda y les dieron ánimos para seguir pidiendo y conseguir nuevos logros para el pueblo.
Es cierto que el pueblo de Villapún fue el que más colaboración prestó: aportó dinero, huebras para traer el material necesario para la obra; cada día, y por orden riguroso, se nombraba a dos o tres vecinos que con sus carros de vacas tenían que ir a la Tejera de Saldaña a traer ladrillos, arena y cemento; aparte de otros vecinos, también por orden de “vez”, que ayudaban a los albañiles a hacer masa y dar ladrillos, que entonces no había hormigoneras ni montacargas como ahora. Hasta el agua tenía que ser transportada en una carral fija en un carro y la llenaban de agua en las presas de la Ontana o en La Majada.
Si reflexionamos un poco nos daremos cuenta de la utilidad que en aquel tiempo se sacaba de un carro y un par de vacas.
Bueno, lo que está claro es que, poco a poco, ladrillo a ladrillo, la escuela se construyó ¡y bien bonita que quedó!
Llegó el día de la inauguración y vino a Villapún, nada más y nada menos, que el Gobernador Civil de Palencia, D. Víctor Fragoso del Toro, en su coche oficial con banderín y acompañado de su secretario y chófer vestido de uniforme y gorra.
Todos los vecinos del pueblo salimos a recibirles a la entrada del pueblo con aplausos, vítores y volteo de campanas. Los miembros de la Junta Vecinal, con su Presidente en primera fila y el bastón de mando, intercambiaron saludos y bienvenidas.
Todos los niños y niñas, con la banderita española en la mano y formando filas, y el pueblo en general se dirigieron hasta la nueva escuela, donde también ondeaba la bandera española, grande y recién estrenada para la ocasión.
Una vez finalizado el acto oficial de inauguración de la nueva escuela se invitó a las autoridades provinciales a pasar por la vieja escuela, en la que se había preparado un aperitivo que fue servido por estas dos guapísimas mozas que figuran en la foto vestidas de camareras. Fue un día inolvidable porque todo resultó entrañable: productos caseros confeccionados en el pueblo y de postre pasteles de crema también elaborados por una vecina del pueblo.
Estas vivencias estaban en el olvido, pero gracias a Elvira, que conserva la foto, hemos podido recordar aquel día, sin duda uno de los más importantes de la historia de Villapún y ello nos hace recordar, con nostalgia, nuestra infancia y nuestra juventud. Cuando salíamos al recreo y, delante de la escuela, los chicos daban patadas al balón o jugaban a la peonza, la “piuca”, y las chicas al castro o a la comba entre otros juegos, sencillos pero divertidos.
Esta escuela de la que hemos hablado se conserva en buen estado y actualmente se utiliza como Teleclub.
   
Asociación de Mujeres de Villapún 

lunes, 26 de mayo de 2014

En mi pueblo "sí hay algo"

No hace mucho, hablando con un paisano me decía que no venía más a menudo al pueblo porque aquí “no hay nada”. Me le quedé mirando a la cara con una media sonrisa entre burlona y compasiva, pensando para mí que más bien donde no hay nada es en el interior de algunas personas, pero no le contesté en ese momento, más que nada por educación, aunque me quedé con ganas de decirle unas cuantas cosas. No es una actitud aislada, ni mucho menos exclusiva de los villapuneses, pues es cada vez más común en la gente de éste y otros pueblos castellanos, que han dejado de acudir a los mismos esgrimiendo como disculpa tan peregrino argumento. Claro, que tampoco faltan estómagos agradecidos que sólo acuden atraídos por el olor de la carne de cerdo gratuita.
Cada vez estoy más convencido de que ser de Villapún, ser de pueblo, es un don que está reservado sólo para unos pocos privilegiados. ¡Qué triste es que quiénes han nacido y crecido en un pueblo no sepan apreciar la gran fortuna que tienen! Nunca lo he entendido y lo único que puedo decir es: ¡ellos se lo pierden!
Pues bien, creo que ha llegado el momento de preguntar a mi vecino (y por extensión al resto de inconformistas):
 

¿Has subido a la torre de la iglesia para otear los alrededores del pueblo?
¿Has ido a coger unas aceras por los caminos en primavera para hacerte una rica ensalada?
¿Has escuchado los villancicos tradicionales que se cantan en la iglesia por Navidad?
¿Has dado un paseo hasta Oncastellana en verano y te has refrescado con el abundante agua de su fuente?
¿Has visto las construcciones tradicionales de adobe que aún quedan en el pueblo?
¿Has recorrido la Cañada Real por donde discurrían los rebaños de meritas y aún pueden verse ocasionalmente?
¿Te has fijado como “majan el ajo” las cigüeñas en primavera?
¿Has ido en otoño a buscar níscalos por los pinos de la Cerra para hacer un buen guiso con patatas?
¿Has leído la placa que hay en la cara oeste de la torre de la iglesia?
¿Has observado el espectáculo natural de las mariposas en verano por el camino de Cañijuelas?
¿Te has dado ya un buen paseo por la Era?
¿Conoces la laguna de la Ontona?
¿Te has fijado en el mural de la salvación que hay en la iglesia?
¿Has disfrutado del coro nocturno de ranas en la laguna del Valle en una noche estrellada de primavera?
¿Te has acercado al corral de Onzarza para apreciar cómo es una de estas construcciones tradicionales de adobe?
¿Has ido en Navidad a buscar berros por los arroyos para hacer una rica ensalada para la cena de Nochebuena?
¿Te has sentado en los bancos de la plaza a echar una parlada con algún vecino?
¿Te has deleitado con el musical canto del cuco que se escucha por los campos en primavera?
¿Te has dado una vuelta por el Valle después de una tormenta?
¿Te has fijado en la antigua cajonera que hay en la sacristía de la iglesia?
¿Has dado un paseo por la Roza en la primavera avanzada cuando los robles echan sus hojas y el melojar está en todo su esplendor?
¿Has visto alguna vez la “bendición de los campos” que se hace el día de San Isidro labrador?
¿Te has tumbado plácidamente en la hierba de la Era una noche de verano a la espera de alguna estrella fugaz?
¿Conoces la escultura policromada de San Hipólito que hay en la iglesia?
¿Has ido en otoño a recoger champiñones silvestres por el campo para hacer un delicioso salteado?
¿Has tirado piedras en la Majada intentando que salten varias veces?
¿Has madrugado alguna vez para disfrutar del espectáculo del amanecer desde la Era?
¿Has escuchado el relajante canto de los alacranes en una cálida noche estival?
¿Conoces el lugar donde los vecinos de Villapún ofrecieron hacer una ermita en honor a la Divina Pastora?
¿Te has acercado al Caño para beber de su refrescante agua?
¿Te has dado una vuelta por la laguna del Páramo para ver si están los "alavancos" o las "guitas"?
¿Has ido a la Mata Montera en primavera a buscar “bragas de pepús”, “flores de perro” o “campanillas” para adornar un jarrón?
¿Has escuchado el característico reclamo de un “relinchón” volando entre la foresta de la Roza?
¿Sabes en qué parte del pueblo estuvo la fuente de la Ontana?
¿Has ido en primavera a coger “senderinas” a los prados para degustar un sabroso guiso?
¿Conoces la historia de San Pelayo y has disfrutado de su fiesta?
¿Te has acercado a la Cuesta del Manzano para ver las talayas de roble?
¿Has jugado de “chiguito” a tirar “cardinchos” al pelo de otros niños?
¿Te has empapado de agua en un día lluvioso de primavera en una caminata por el campo?
¿Has disfrutado de un paseo nocturno por la Roza en una noche de luna llena?
¿Has hecho alguna vez una corona floral con “gurrupitos” y “patas de gallina”?
¿Has construido un muñeco de nieve o has hecho “señoritas” tras una nevada invernal?
¿Has comido los picantes “ajos de pajarita” que salen al borde de los caminos en primavera?
¿Has estado en el teleclub del pueblo echando una partida de cartas o compartiendo un refresco con alguien?

¿Te has bañado alguna vez en la laguna del Páramo?
¿Has escuchado el típico canto del “pepús” procedente de algún tejado del pueblo en una cálida mañana primaveral?
¿Te has dado un pequeño paseo alrededor del pueblo por el camino del Vallejo en una tarde soleada de invierno?
¿Conoces el aeródromo de Villapún?
¿Has olido la cálida fragancia de las violetas y los jazmines silvestres de la Roza a comienzos de primavera?
¿Has recorrido la cañada de Villarrilda?
¿Has bebido el agua de la “fuente de la salud”?
¿Te has sentado en la ladera del Valle en una tarde de primavera para escuchar el concierto de los ruiseñores en la Roza?
¿Has estado en el frontón de la Era echando un partido de frontenis o de pelota a mano?
¿Has probado las setas de coz o las setas de cardo?
¿Te has dado una vuelta por el camino del Gargolito?
¿Alguna vez te has sentado a la sombra de los chopos del Plantío con un buen libro como compañero?
¿Te has fijado en los hermosos colores de los robledales en otoño?
¿Sabrías reconocer el canto gatuno que los mochuelos emiten al atardecer por las afueras del pueblo?
¿Te has dado un paseo por el Brezal y el Paramillo?
¿Has visto la imagen de Villapún desde el alto de Bretos recortada sobre la impresionante Cordillera Cantábrica de fondo?
¿Te has dado una vuelta por los cultivos en primavera cuando las plantas ya están entalladas y verdes?
¿Conoces “el Monumento” de la Pasión que se montaba antaño en la iglesia de Villapún durante la Semana Santa?
¿Has escrutado el cielo estrellado en busca de constelaciones en una oscura noche sin luna?
¿Te has acercado a Villarrilda y sabes que allí hubo un pueblo que al parecer se desahabitó por la peste?
¿Has visto los preciosos arreglos florales que se hacen en el portal de la iglesia para la celebración del Corpus Christi?
¿Sabes jugar a los “gatos” que se hacen con tallos de junco?
¿Has bajado por el camino del Toro para dar un paseo hasta Lagún del Bravo?
¿Has probado a escuchar alguna vez el “sonido del silencio”?
¿Has degustado los tallos tiernos de los “amojoletes” en primavera?
¿Has visitado la estación meteorológica de Villapún y sabes que es una de las ocho únicas que la Agencia Estatal de Meteorología tiene en la provincia de Palencia?
¿Sabrías fabricar un “chiflito” con la rama de una “chopa”?

¿Has cogido renacuajos en La Majada?
¿Te has fijado en la impresionante puesta de sol que se puede disfrutar desde la Era o el Páramo en un día despejado?
¿Sabes dónde está el pago de La Marineja?
¿Te has acercado alguna vez hasta el Montecillo y la fuente de Pantaleón?
¿Has escuchado el cántico tradicional que se entona en la “procesión del Encuentro” el Domingo de Resurrección?
¿Has estado en el pago de Gromaz y sabes que en el mismo pudo haber antiguamente otro pueblo o que fuese el asentamiento original de Villapún?
¿Has visto alguna noche a la “nueta” sobrevolando la plaza del pueblo como un fantasma inmaculado?
¿Has adornado un jarrón con las bonitas y olorosas flores del cantueso?
¿Sabes de dónde se extraía la arcilla para fabricar adobes y cómo se hacían?
¿Te has empapado del cálido sol de otoño en una tarde de paseo por el campo?
¿Has subido alguna vez al Cueto para contemplar los alrededores?
¿Has escuchado en la iglesia los cantos a la Divina Pastora que se entonan durante el Rosario en honor a la Virgen?
¿Has visto las “chopas” del Valle y sabes que constituyen un patrimonio etnológico y natural de gran valor?
¿Has visto el belén monumental que ponen las mujeres del pueblo en la iglesia por Navidad?
¿Sabes en qué rincón de Villapún estuvo la fragua del pueblo?
¿Has comido los “panes” de las malvas?
¿Has disfrutado del espectáculo audiovisual de los vuelos acrobáticos de los vencejos por los cielos del pueblo en primavera y verano?
¿Has ido hasta Hontanares y te has comido un bocadillo a la sombra de sus chopos?
¿Sabes dónde se localiza el pago de Avellanar y su fuente?
¿Has jugado a “la vaca plantada” o “a chillar” por las calles del pueblo?
¿Has visto un campo de amapolas en flor en primavera?
¿Has escuchado el aflautado canto del autillo en el Valle?
¿Sabes dónde estuvo el antiguo cementerio del pueblo?
¿Te has dado un paseo por la cañada de la Rinconada?
¿Te has fijado en la explosión de color que se produce hacia el mes de mayo por la floración de los “zapatitos” de las “argomas”?
¿Te has parado a oler la tierra mojada después de la lluvia?
¿Has ido a finales de verano en busca de moras por los zarzales del campo para elaborar con ellas un delicioso postre con vino y azúcar?
¿Has cogido la bicicleta para recorrer los caminos y pistas de la Nava o del Páramo?
¿Alguna vez has “resnalado” sobre la escarcha de la Era o por la superficie congelada de la Majada después de una helada invernal?
¿Has visto el Guarrate o la Era cubiertos de margaritas en primavera?
¿Has probado carne de lechazo cocinado en horno de adobe con “argomas” y brezo como combustible?
¿Sabes dónde está Vatocendo y te has dado una vuelta por allí?
¿Has fabricado un “tirapiedras” con una horcaja de roble?
¿Has degustado el dulce néctar de las “chupas” que crecen en los prados?
¿Te has dado un paseo por la orilla de la Cueza en época de lluvias?
¿Has subido al alto Lutero y has bebido el agua de su fuente?
¿Has cogido “gallaritas” de los robles para jugar a las canicas o “gallarones” para lanzárselos a alguien?
¿Te has acercado a la laguna de la fuente del Brezo y al corral de adobe que hay a su lado?
¿Has olido la fragancia del tomillo en verano?
¿Conoces el sitio del pueblo donde se ubicó el potro y para qué se usaba?
¿Te has asomado desde la Revilla para contemplar las preciosas vistas que desde allí se tienen de la Montaña Palentina, la Loma y la Vega del Carrión?
¿Has respirado el aire frío en una mañana invernal dando un paseo por los caminos del Páramo?
¿Alguna vez te has refrescado con “chupiteles” en invierno?
¿Has participado en la procesión de la Divina Pastora por las calles del pueblo?
¿Has ido a ver las antiguas presas donde se lavaba antaño la ropa?
¿Te has acercado a dar un paseo hasta los huertos de la Varga?
¿Has escuchado el “cacareo” de las “pigazas” al atardecer en la Roza?
¿Has visto el antiguo fuelle de la fragua que aún se conserva restaurado?
¿Has intentado hacer un escriño con corteza de zarza?
¿Has ido en diciembre a la Roza a coger un poco de musgo para poner el belén?
¿Te has dado un paseo en bicicleta hasta el Quiñón?
¿Has ido a volar una cometa a la Era en un día ventoso?
¿Has estado en Elegidro y sabes que en sus presas se lavaban antiguamente las ropas de los difuntos?
¿Has utilizado el “pelo de ratón” para hacer coscas a un “chiguito”?
¿Sabes para qué sirve la “tierra topinera” y dónde se puede encontrar?
¿Has dado un paseo hasta la laguna de Onzarza?
¿Has ido en otoño a coger “andrinas” para elaborar un aromático licor de orujo?
¿Alguna vez has estado en Espinar?
¿Has hecho un arco de una rama de sauce y has usado como flechas tallos de “husos” recogido en alguna de las lagunas del pueblo?
¿Has escuchado el canto de las "collaronas" en primavera por el Páramo?
¿Te has acercado al alto del Calvario para contemplar desde allí la impresionante panorámica de la Roza, los campos de la Vega y los pueblos cercanos?
¿Has …?

En fin, creo que podría continuar, pero prefiero dejar al gusto de cada cual añadir todas las múltiples posibilidades que tiene un pueblo como Villapún. Aunque quizás ese sea el problema: vivimos en una sociedad que deja cada vez menos margen a la imaginación, en la que prima el “ocio digital” y la cultura urbana frente a “lo rural”, que se margina y desprecia, lo exótico frente a lo local, lo sofisticado frente a lo sencillo, lo moderno frente a lo tradicional, lo efímero frente a lo duradero...
Y volviendo a mi querido paisano, permíteme que te de un humilde consejo: abre bien todos tus sentidos porque las cosas realmente valiosas de la vida son sencillas como el canto de un pájaro, la sonrisa de un niño, la mirada de la persona amada, una bella melodía o un rayo de sol al atardecer. Aprende a disfrutar de estos pequeños tesoros de la vida y serás feliz.
Por cierto, ¿aún sigues pensando que en nuestro pueblo “no hay nada”?
 
Roberto Rodríguez Martínez

sábado, 26 de abril de 2014

Luces en la noche

Cuentan nuestros mayores que antaño no era raro que de vez en cuando las gentes del  campo presenciasen   ciertos fenómenos luminosos nocturnos, experiencias que atemorizaban a las gentes del campo al no saber darlas una explicación racional. Sin entrar en la veracidad o en la causa de tales hechos, queremos presentar aquí testimonio de uno de estos encuentros con "lo desconocido" tal y como lo relató en 1968 María Inmaculada Santos, natural de Villarrobejo.
¿Y que tiene esto que ver con Villapún?. Pues bien, la historia relatada es bien conocida por los más ancianos del lugar ya que su principal protagonista, "el tío Pío", fue el padre de "la Paulina", casada con Silvano de Villapún y aún recordada por muchos en el pueblo. El siguiente relato fue publicado, diez años después de ser redactado, en el “Libro conmemorativo de las bodas de plata del Instituto de Saldaña”. Página 115-116.

 LA LUZ DEL TÍO PÍO

Ocurrió a mediados de este siglo (sobre 1940). Ciertamente que Pío, el mozo robusto y jaranero de Villarrobejo no era miedoso. Muchas veces había recorrido de noche el camino de X a Villarrobejo (pongo X porque ahora ya no existe ese pueblo).

En X vivía su prometida, María Luz, y él iba a pasar la tarde con ella. Sin embargo aquella noche llegó pálido, sudoroso, descompuesto. ¿Qué le había sucedido? Sin fuerzas para tenerse en pie, se dejó caer sobre el rústico banco del hogar campesino de sus padres; al fin pudo hablar y contó lo sucedido:

Él salió de X entrada la noche. Cruzó el valle que separa el pueblo del monte, y a poco de entrar en éste vio que, de entre los matorrales salía... ¡una luz!. Una luz extraña y misteriosa, pálida, casi blanquecina, que brillaba sin despedir resplandores que iluminasen los objetos inmediatos; luz siniestra que le hizo erizar los cabellos de espanto. Hubiera preferido ver brillar los ojos fosforescentes de los lobos, y aún verse acometido por ellos, a la compañía desconcertante de aquella luz tenebrosa que oscurecía su alma y le aterraba, produciéndole sudores de azogado y temblores de calenturiento. ¿Qué hacer?. La luz caminaba delante de él, a prudente distancia, como si pretendiese iluminar el camino, sin conseguirlo. ¿Volver atrás?. No. Era preciso seguir, y así, con tan molesto acompañante, recorrió los 5 kilómetros interminables que le separaban del pueblo. Ya cerca de éste y al llegar donde el camino se bifurcaba, la luz se fue por el que Pío no tenía que seguir. Al verse libre aceleró el paso cuanto pudo, más sin atreverse a correr, por ver si podía, sin más incidentes, llegar a su casa, más cuando tan sólo diez metros le separaban del pueblo, la luz que al parecer se alejaba se vino hacia él con la rapidez del rayo, cruzó por delante, casi rozando sus ropas, y dando un bufido siniestro, se alejó perdiéndose en las sombras. 
Entonces fue cuando de todo punto creyó morirse de espanto. Sólo a costa de un esfuerzo supremo pudo llegar a casa. Aterrados y perplejos quedaron los familiares de Pío cuando el mozo terminó de contar su narración, sin saber que pensar del extraño suceso, cuando otros dos, no menos espantables, vinieron a colmar el pánico de todos. Procedente, al parecer, de los desvanes o paneras de la casa, se oyó un gran golpe seguido de un ruido como de algo que se arrastraba por el suelo, y de unos golpes secos y consecutivos que terminaron en un bufido siniestro muy parecido, según afirmaba Pío, al de la fatídica luz.
No bien terminó el ruido, cuando bajo sus pies empezó a percibirse, clara y distintamente, algo así como si barrenasen el piso de abajo, más como ellos estaban en el suelo no cabía duda que el barrenador debía de ser algún personaje de ultratumba. ¡Quién sabe! Asustados, y sin atreverse ni a respirar, pasaron la peor noche de su vida, rezando y suspirando.
Al fin llegó el nuevo día y un poco más tranquilos, todos juntos, subieron a la panera y allí vieron patente la causa de los ruidos: una criba que estaba colgada cayó, sin saber cómo, sobre el gato, éste quiso huir pero hubo de hacerlo arrastrando consigo la criba, bajó las escaleras dando golpes con el artefacto y al fin pudo huir bufando. El ser misterioso que barrenaba la tierra era un topo; cuando ellos volvieron a la cocina había terminado su obra y asomaba tranquilamente el hocico por el agujero.
¿Y la luz? la luz quedó y está en el misterio. Por aquellos años cuando las madres querían amedrentar a sus hijos, les decían: "No seas malo, que viene la luz del tío Pío".
Esta costumbre ya va desapareciendo, pero todavía hay gente que lo dice y recuerda, y por eso todos nos sabemos la historia de Pío.
 
María Inmaculada Santos Fernández

miércoles, 26 de marzo de 2014

Sobre el ocaso de la sociedad rural tradicional

El siguiente artículo ha sido publicado en el número 337 de la revista Quercus, correspondiente a Marzo de 2014. Hemos recibido el permiso de los editores de dicha revista y de su autor, el conservacionista Joan Mayol, para reproducirlo, ya que creemos que pone el dedo en la llaga sobre las implicaciones de los cambios acaecidos en el mundo rural en las últimas décadas.
              
MENTALIDADES PAVIMENTADAS
 
El cambio más importante de la sociedad humana en el último siglo ha sido la concentración de la población en las ciudades. Nuestra especie pasó del tribalismo nómada a las comunidades agrarias de dimensiones moderadas para acabar -por ahora- en las aglomeraciones masivas. La mayor parte de los humanos viven en grandes urbes. Las consecuencias de este hecho son enormes, no todas en el mismo sentido.
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Campo o ciudad.
El paso de las sociedades rurales a urbanas supone ventajas evidentes para sus miembros: el acceso a la educación y la sanidad son fundamentales, la libertad y las opciones de vida son mayores en el segundo caso. No hay duda de que la vida urbana ha sido muy atractiva para cientos de millones de personas, y en el siglo XX los éxodos de campesinos a las capitales y sus suburbios han sido masivos.
En general, los humanos hemos tenido tendencia a agruparnos en función de la disponibilidad de recursos: los grupos cazadores y recolectores eran menores que los de agricultores, y cuando los excedentes de producción y la capacidad de transporte hacen posibles aglomeraciones mayores, éstas crecen hasta extremos sorprendentes.

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Los costes, bien conocidos.
Pero junto a las ventajas evocadas, hay también inconvenientes: la ciudad nos aleja de la vida no humana, nos hace perder las nociones ambientales intuitivas que tienen las personas rurales. Los conservacionistas nos hemos lamentado de ello muy a menudo.

Los magníficos personajes de Miguel Delibes en sus novelas castellanas ("Las ratas", "Los santos inocentes", "Diario de un cazador"...) son un paradigma del ocaso de un mundo rural, donde se conoce lo importante, lo que no es inventado, en acertadísima expresión de El Nini en la primera narración evocada.
Son precisamente los habitantes del mundo rural los primeros en percibir los cambios negativos, la disminución de las poblaciones silvestres, la degradación de las aguas y el medio. No debemos caer, sin embargo, en tópicos simplistas. El habitante rural siente próxima a la naturaleza, pero no necesariamente aprecia todos sus componentes, como bien sabemos. Durante siglos, el hacha excesiva, el fuego fácil o el veneno cruel han sido manejados por campesinos. Como en botica, de todo hay: quien intuye, aprecia y respeta los valores de la naturaleza, y quien abusa de ellos y los destruye; quien observa, reflexiona y aprende, cerca de quien ignora y desprecia. 
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La primera generación urbana.
Los pioneros de la conservación en España, en la segunda mitad del siglo pasado, vivimos en la primera generación que había cambiado masivamente el campo por la ciudad. Labordeta, en una entrevista que puede encontrarse en YouTube, destacaba acertadamente que el éxito popular de Rodríguez de la Fuente se basaba en que su auditorio fue precisamente éste, la población neo-urbana, los que habían dejado atrás lo que ahora veían en sus pantallas: el raposo, el águila, la gineta o el lobo. Les eran próximos, formaban parte de su vida, por lo cual tenían un atractivo cierto.
Actualmente, la labor de los conservacionistas resulta algo más difícil. Para muchos conciudadanos nuestros, las especies silvestres son solo las protagonistas de los documentales, tan lejanas como los personajes de ficción. Hacer comprender el valor de la vida y generar emociones en su favor es cada vez más difícil, aunque la diversidad de medios a nuestro alcance era impensable hace muy poco. ¿Quién imaginaba hace pocas décadas que podríamos seguir en directo las migraciones de nuestras aves en la pantalla del ordenador doméstico?
Volviendo al principio, mi aportación a la reflexión hoy es constatar que la población rural prácticamente ha desaparecido, y que esto tiene costes de conservación. Porque incluso una gran parte de quienes siguen viviendo en el campo o en pueblos menores, han adoptado modos de vida urbanos en su economía, en su ocio, en sus intereses. Probablemente es más urbanita el habitante de una urbanización actual "en plena naturaleza" que un madrileño cincuenta años atrás, que podía ver las ovejas conducidas a pie hacia el matadero, comprar leche recién ordeñada o un pavo vivo por Navidad.
La segunda mitad del siglo XX ha sido la era de la urbanización. Y lo que se ha urbanizado con mayor coste no ha sido el campo o la costa, han sido las mentalidades: para la mayor parte de nuestros conciudadanos la naturaleza es algo lejano y exótico, y no saben ni sienten que influyen y son influidos por ella continuamente. A esto me refiero con la expresión de mentalidades pavimentadas. Tenemos que buscar la arena debajo de los adoquines.

 
Joan Mayol